The Girlfriend Experience

La serie creada por Lodge Kerrigan y Amy Seimetz e inspirada en la película del mismo título dirigida por Steven Soderbergh, nos cuenta la historia de Christine Reade, una estudiante de derecho que empieza a trabajar como chica de compañía. En ningún momento, TGE cae en lugares comunes y caminos trillados, esquivándolos con habilidad y sosteniendo la narración sobre tres sólidos pilares:

Primero: el enigma que representa Christine, el personaje protagonista. La historia está construida sobre la tensión dramática de descubrir cuál es su motivación, por qué hace lo que hace. El espectador se pregunta por qué se dedica a la prostitución, quién es ella en realidad y cómo es posible que Christine se exprese con esa extraordinaria dualidad: fría y calculadora en todas las facetas de su vida; y al mismo tiempo tan cálida, solícita y cercana con sus clientes. TGE es el viaje de descubrimiento del personaje.

Segundo: el feminismo, o como diría Caitlin Moran: “no hubo nunca mejor época que ésta para ser mujer: tenemos el voto y la píldora, y desde 1727 ya no nos envían a la hoguera por brujas”. Parece de perogrullo, pero esta serie no sería la misma serie de estar ambientada en el periodo de entre guerras, en los años 60 de Mad Men, o incluso hace cinco años. Por tanto, que una chica joven, preparada, e inteligente decida dedicarse libremente a la prostitución conlleva una vuelta de tuerca nueva –“ahora que el feminismo es mainstream”– respecto a todas las historias anteriores del sub-género.

Tercero: el dinero. Al final de lo que va esta serie no es más que de la oferta y la demanda, del capitalismo salvaje y de la concepción filosófica neoliberal que se ha extendido en todas las capas de la sociedad. Todo está en venta: el sexo, la intimidad, e incluso la sensación de tener una auténtica “girlfriend experience” joven, guapa y preparada. Cuando finalmente descubrimos la motivación que hay detrás de Christine, nos damos cuenta de la importancia que tiene el dinero en esta sociedad.

TGE tiene un ritmo incómodo, una cadencia lenta y pausada, casi como si fuera una autoficción sacada del día a día de una chica real. Contenida, sin aspavientos, la trama es una sucesión de situaciones que no busca, ni encuentra giros enrevesados. No tiene concesiones a la comedia, ni es un drama truculento. En ese pasar la vida de una escort la serie se convierte en un espejo moral. Resulta muy tensa la espera de acontecimientos que vive el espectador casi deseando que ocurra algo que gire la trama. Como animales narrativos que somos, intentamos predecir lo que va a ocurrir a continuación. Ahí nos damos cuenta de que casi esperamos que Christine se encuentre a un cliente que la maltrate, que alguien tenga una sobredosis de droga, que un cliente muera en sus brazos, que haya una comida familiar en que alguien la chantajee, etc. Y cuando no ocurre nada de todas esas cosas, uno se da cuenta de que no es un espectador virgen y de que nuestra tradición narrativa conlleva una carga moral que hace que uno espere que el personaje de Christine tenga que recibir un “justo” castigo por ser puta. Y cuando no ocurre eso, uno se da cuenta de lo moderna (en el buen sentido) que es TGE y el examen de conciencia cultural que aún a día de hoy tenemos que hacer.

The Girlfriend Experience se puede ver actualmente en Canal Series Xtra.

Personajes

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La diferencia entre persona y personaje nunca ha sido tan compleja como lo es en la actualidad. Si ya resultaba confuso diferenciar el ente real del ente ficticio en los programas de tele-realidad, todo se enreda cuando las fronteras entre la ficción y la realidad se difuminan. Antes teníamos una pantalla de televisión que nos delimitaba claramente las fronteras (ellos y nosotros/personajes y espectadores) ahora el mundo está lleno de pantallas. Nuestra realidad es una continua híper-conexión en la que enviamos mensajes, ideas, pensamientos, imágenes, vídeos e historias en diversos formatos, a través de diversos canales, todo el tiempo.

¿Cómo diferenciar cuándo se es una persona y cuando se es un personaje? En mayor o menor medida todos jugamos al juego del enmascaramiento en que estilizamos nuestra persona y nos convertimos en personaje, sin necesidad de que haya pantallas de por medio. Siempre ha existido un elemento dinamizador del mensaje cuando se juega en la convención de la ficción. Y todos parecemos menos vulnerables a la vida en ese contexto, como si en algún punto de nuestras vidas pudiéramos cambiar de rol, de serie, o de canal.

La ficción ha terminado por comerse la realidad hasta el punto de que todas las personas actuamos como si fuéramos personajes. Asumimos nuestros distintos roles en nuestras distintas realidades y juzgamos y somos juzgados como tales. Que la auto-ficción esté tan de moda no es más que un síntoma de la búsqueda incesante de verdad y al mismo tiempo de la necesidad incesante de máscaras. Quizás porque para contar una verdad, la mejor forma de hacerlo sea con una mentira y para contar una mentira nada mejor que hacerla pasar por una verdad (autobiográfica). Tal vez en algún momento nos demos cuenta de que la verdad no existe, o que al menos, existen tantas verdades como personas y puntos de vista; que la prisión de un personaje, sin complejidad, sin matices, voluble y cambiante no es lo que nos merecemos como personas. Porque las personas somos muchas cosas, para empezar nuestras circunstancias, y hay muchas personas dentro de una misma persona. Conocemos a la gente o creemos conocerla a través de su mensaje, de su ficción, de su personaje, de su twitter, de su máscara, que es lo mismo que no conocerlo.

Artista

El pasado sábado en La Sexta Noche Susana Díaz llamó a Pablo Iglesias “artista de la táctica política”. No fue la primera vez que la Presidenta de Andalucía le llamaba “artista”, ya lo hizo con anterioridad calificando sus habilidades negociadoras para formar gobierno:

Más allá de las disputas legítimas de unos y otros por el relato, me llamó la atención el uso despectivo de la palabra “artista”. Susana Díaz no la utilizó como un elogio y en ninguna de las cinco acepciones que recoge la RAE aparece el significado coloquial despreciativo que todos pudimos percibir.

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¿Por qué la palabra artista puede conllevar menosprecio? Hace un tiempo escuché a un amigo hablarme de otro en los siguientes términos: “fulanito hace vida de artista”. Se refería a que se acostaba tarde y se levantaba tarde, no cotizaba en la seguridad social y solía frecuentar todos los bares del mundo. ¿Es eso una vida de artista? ¿Es esa la percepción que la sociedad entiende como vida de artista?

Las palabras no son objetos inamovibles: cambian, mutan y se deforman. Como lo hace el pensamiento que las sustenta. Las palabras se alimentan de percepciones y valores. ¿Es esta una sociedad que valora al artista en función de su capacidad de crear belleza? ¿Lo valora en función de su capacidad de representarnos la realidad? ¿Lo valora en función de su capacidad de generar debates que transformen esa realidad? Que la palabra artista pueda tener una acepción próxima a holgazán o pícaro no sólo es falso, sino que también es un fracaso de la sociedad.

Tomemos como ejemplo a dos incontestables: Cervantes y Picasso. Todo el mundo sabe que El Quijote es el libro español más vendido de todos los tiempos y que las obras de Picasso se revalorizan continuamente en el mercado del arte. Es decir, más allá de la academia, la sociedad los valora por el éxito objetivo, numérico y capitalista de sus logros, que eso sí es algo tangible. No es de extrañar que el 47% de los españoles confiese que no ha leído nunca El Quijote y que todos los cuñados del mundo digan que, si se ponen, ellos también “son capaces de pintar como un niño pequeño”. Quizás uno de los motivos por los que los políticos* utilicen la palabra artista como sustantivo arrojadizo sea la forma en que el artista concibe el mundo: diferente. Un artista entiende el mundo en función de la obra que lo ocupa. Todo gira en torno a ella y por tanto su percepción de la realidad está teñida por su obra, convirtiendo su estilo de vida en algo diferente.

Visto desde fuera, la reflexión puede ser considerada como vida contemplativa, la búsqueda de la belleza puede ser vista como hedonismo y la perdida de la noción del tiempo pueda ser juzgada como holgazanería a deshoras. Quizás la sociedad no valora en su justa medida la necesidad de arte y esto tiene reflejo en las escalas salariales, en los convenios colectivos, en los presupuestos generales del estado, en el saqueo de la propiedad intelectual ajena, o en los porcentajes que los escritores se llevan de sus libros. Quizás la sociedad no sabe valorar que para crear belleza, retratar la realidad para transformarla generando debates que amplíen nuestra forma de ver las cosas es necesario pensar, actuar y vivir de una manera diferente.

 

*Susana Díaz ha sido Concejala del Ayuntamiento de Sevilla (1999-2004), Teniente de Alcalde de Recursos Humanos de Sevilla (2003-2004), Diputada por Sevilla en el Congreso de los Diputados (2004-2008), Diputada por Sevilla en el Parlamento de Andalucía (Desde 2008), Senadora designada por el Parlamento de Andalucía (2011-2012), Consejera de Presidencia e Igualdad de la Junta de Andalucía (2012-2013), y Presidenta de la Junta de Andalucía (Desde 2013-hasta la actualidad.

Saludar

Conversación de whatsapp entre dos amigas:

-Te he visto esta tarde en la Fnac, ¿eras tú?

-Sí, ¡era yo!

-¡Lo sabía! ¡Te has dejado el pelo largo, te queda muy bien!

-Gracias, ¿por qué no me has dicho nada?

-No sé…

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Hacía tiempo que las dos amigas no se veían. Una piensa que hace unos seis o sietes meses; la otra piensa que quizás un poco más. En realidad, hace casi dos años que no se ven, pero ninguna de las dos tiene la sensación de que haya pasado tanto tiempo. Una tiene un blog de moda que la otra consulta; la otra cuelga cada semana un video con recomendaciones literarias en su canal de youtube que la otra mira sin pestañear. Cada día se retuitean en twitter. Se enteran de su vida en facebook y saben hasta lo que comen gracias a instagram. Están hiperconectadas la una con la otra, pero hace mucho tiempo que no se sientan a tomar una cerveza, charlar o ir de compras. Ninguna de las dos se pregunta si lo echan de menos.

¿Por qué no se saludaron cuando tuvieron la oportunidad en la Fnac? Una la vio sí, pero estaba demasiado lejos para acercarse hasta ella. La otra fingió que no la veía y se alejó poco a poco de la primera dificultando toda la maniobra. Las dos evitaron la embarazosa incomodidad de saludarse. Quizás las dos sintieron que exponían demasiado del pequeño abismo que separa la identidad virtual de la identidad real. Quizás no querían sentirse excesivamente vulnerables aquella tarde. A ambas les resultó mucho más cómodo y menos invasivo escribirse un mensaje de texto.

Su amistad no es ni mejor, ni peor, simplemente ahora es así.

Pelucas

Después de que el Barça cayera eliminado de la Champions, Andrés Iniesta lloraba en el autobús desconsolado y Dani Alves subía este video a Instagram:

Al día siguiente a Dani Alves le cayeron hostias como panes. No podía ser que después de la tristeza y la rabia de que nos eliminara el Atleti él no compartiera su tristeza y su rabia con todos nosotros. ¿Por qué Dani Alves no va de luto? ¿Por qué Dani Alves no es un agonías como nosotros? ¿Por qué nosotros no nos podemos poner una peluca, impostar voz de falsete y exclamar que tan sólo era un partido de fútbol y que viva el amor?

En nuestra escala de valores tenemos el peso de una cultura de mierda. Una cultura que nos dice que la vida tiene que ser dura, que este valle de lágrimas nos exige un sacrificio tras otro, que para que algo valga la pena tiene que doler. Está en nuestro ADN ir en contra de la alegría. Tenemos una cultura equivocada que nos auto-exige estar haciendo horas calentando la silla, minimizar la ventana en cuanto entra el jefe, vestir de negro cuando se nos muere alguien, llevar un pedazo de muñeco de madera que pesa un quintal a la espalda para demostrarle al vecino tu fe… Todo ello tan productivo, todo ello tan agonías, todo ello tan estúpido. ¿Qué pasa si Dani Alves en su tiempo libre le da por vestirse de mujer? ¿Acaso no está en su derecho? ¿Está obligado Dani Alves a ser un ejemplo dentro y fuera del campo? Quizás necesitamos héroes con un poco más de educación, cultura y saber estar. Héroes que no respondan con machismo a las periodistas. Héroes que no respondan con la chulería del que se cree intocable en las ruedas de prensa.

Quizás estamos buscando héroes en el lugar equivocado.

¿Qué vas a hacer con eso si no lo usas?

Todo empezó con este tuit de Carlos G. Miranda:

…gracias Carlos por hacer mi vida aún más miserable.

Fue en la Atapuerca de internet, cuando Llucía Ramis nos habló del peligro del Egosurfing. Allá por los 2000 empezamos a googlearnos a nosotros mismos y entendimos que era una búsqueda de nuestra identidad. Aún desconocíamos que en el futuro tendríamos no una identidad (la real), sino dos (la virtual) e incluso los hay que tienen muchas más: la real, la virtual, la virtual oficial, la virtual para amigos, y cada una asociada a una red social determinada porque cada una sirve para una cosa distinta. Con el paso del tiempo, todos sabemos ya que las identidades virtuales son  mucho más importantes que la identidad real. De la misma manera que sabemos que nuestros hijos tarde o temprano no sólo nos googlearán a nosotros para saber qué clase de tipos infames fueron sus padres, sino que se googlearán a sí mismos, cerrando el círculo del Ego.

Creíamos haber inventado todas las enfermedades asociadas a la vida moderna. Sin embargo hacía falta una aplicación que asociara las dos cosas que mueven el mundo: el Ego y el capitalismo. ¿Cómo? Con una app que respondiera rápidamente 8,50 a la pregunta: ¿cuánto vale nuestro ego?

En estos tiempos, la verdadera reseña es la que escribe el propietario del libro que quiere deshacerse de ti y te promociona subiéndote a Wallapop:

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Primera Temporada, bastante interesante.

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Un libro de segunda mano vale más si no te lo has leído.

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Detalla que ha sido usado una sola vez pero, ¿qué garantías tenemos?

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¿Qué frases habrá subrayado? Es como un easter egg del usuario.

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Porque todas las chicas besan por navidad.

Los objetos usados son la segunda división del capitalismo y tarde o temprano, todos acabamos en la compra-venta de mercancia de segunda mano. No obstante, lo mejor que le puede pasar a un libro es ser leído. Quizás el capitalismo es excepcional para que se muevan las divisas pero no tanto si lo que se trata es de que se mueva el conocimiento. Para que un libro alcance todo su potencial debe ser usado. Es necesario prestarlos, dejarlos, que viajen, que sean subrayados, tachados y usados cuántas más veces mejor. Un libro usado es un libro mejor. ¿Por qué no creamos un uber de los libros sin ánimo de lucro? Una app con geo-localización dónde compartir libros ya leídos y usados, sin que el dinero se inmiscuya. ¿O estamos todos demasiado ocupados moviendo divisas?

Tampoco es tan, tan mala

Batman vs Superman: Dawn of Justice tampoco es tan, tan mala. Mejora eso sí, si acudes al cine con bajas expectativas… o ninguna. De hecho, la película no está mal hasta el final del segundo acto. Tiene consistencia narrativa y buen pulso, aunque bien es cierto que en el tercer acto es absolutamente imposible no empezar a hacer scroll en twitter, enviar whatsaps a tu madre o suicidarte.

Ben Affleck está mal. Muy mal. Bruce Wayne -gracias a dios- no será nunca Tony Stark. Bruce Wayne tiene OSCURIDAD. Ben Affleck NO la tiene. Ben Affleck no se cree en ningún momento lo que dice, e interpreta a Bruce Wayne tan mal como aquí.

Pero Ben Affleck no es el único que está mal. De hecho, todos los actores están mal. Holly Hunter está tan intensa que echas de menos lo callada que estaba en El Piano. Henry Cavill tiene carisma negativo (un caso digno de estudio). Mark Zuckerberg Jesse Eisenberg haciendo de Lex Luthor demuestra que sólo sabe interpretar si el texto es de Sorkin y lo dirige David Fincher. Jeremy Irons hace algo que no había hecho en toda su carrera: intentar ser gracioso… pero no, no lo consigue. Además se le nota que para hacer de Batman un perro viejo fascista hubiera sido mil veces mejor elección de casting que Affleck. Lo sabe él, y ahora lo sabes tú también. A sus 67 años, Margot Kidder le puede dar una lección a Amy Adams de cómo pasarse cuatro películas siendo rescatada por Superman y mantener la dignidad.

Cualquier idiota sabe que Zack Snyder no es un director de actores, pero este no es el único problema de la peli. Ahí van unos pocos al tuntún:

-En el minuto 81 -sí, miré el reloj- hay un sueño con un tipo del futuro que supongo que tienes que haber leído TODOS LOS PUTOS CÓMICS DEL MUNDO para entenderlo. Si a Richard Donner le explican esto le da un telele.

-En 151 minutos no caben una adaptación, un reboot, una precuela, y una segunda parte. Son demasiadas cosas, atropelladas y superficiales.

-Problema de matemáticas: si tu villano número uno es una mierda y tu villano número dos es una mierda alienígena, ¿cuál es el resultado? Exacto.

-La película deja de ser CINE cuando aparece la subtrama de Wonder Woman. Absolutamente todos en la sala somos capaces de distinguir el verdadero subtexto de esas escenas: hola, somos la Warner y queremos hacer dinero; hola, somos DC y tenemos envidia de pene respecto a Marvel; hola, somos la Liga de la Justicia, tenemos síndrome del impostor y queremos ser Los Vengadores.

-Por último, lo más interesante de Superman como personaje cinematográfico es su utilidad. ¿Necesitamos a Superman? ¿Quieren que les digamos a un padre que Superman pudo salvar a su hijo y no se lo permitimos? ¿La humanidad debe estar sujeta a las veleidades de un alienígena todopoderoso? ¿Es legítimo que el ser humano tenga un arma disuasoria contra Superman? Todas estas preguntas éticas, morales y filosóficas me llevan a pensar que aquello que puede acabar con Superman no es la kryptonita. No, el archienemigo de Superman es un Profesor de Filosofía que tenía yo en mi instituto. Un hombrecillo de cincuenta años, con el pelo mal peinado, pantalones anchos de pana, un poco sociata y gafas en la punta de la nariz que era un PUTO BRASAS. No paraba de hablar sin levantar la mirada del suelo. Te atrapaba con su verborrea en un rumor que adormecía y terminabas dándole la razón con tal de escapar. El BRASAS coge a Superman dos tardes, extraescolares, para explicarle el súper-hombre de Nietzsche y le hincha la vena de la frente, poniéndole la cabeza como un bombo a punto de estallar.

En definitiva, Batman versus Superman tampoco es tan, tan mala. Es mala, sí, pero El hombre de acero era mucho peor.

El Renacido

El otro día escuché el siguiente comentario: “Spotlight me gustó pero es un poco televisiva”. ¿Qué significa que una película es “televisión”? ¿Que una película esté bien escrita y bien interpretada es televisión? ¿Conocer el tema que se trata y tener una tesis clara es televisión? ¿Tener una puesta en escena sobria y directa es televisión? ¿Televisión significa que te importe más la historia y los personajes? ¿Eso es televisión? ¿Qué es eso tan antiguo de mirar a la televisión por encima del hombro? Qué va a ser lo siguiente? ¿Hablar de grandes y pequeñas pantallas? ¿En serio?

Y por el contrario, ¿es El Renacido cine? ¿Es cine porque es impactante visualmente? ¿Es cine por su puesta en escena? ¿Es cine por la forma? ¿Es cine porque es física? ¿Es cine por su sentido estético? ¿Es cine por su realización? ¿Es cine porque es superficial? ¿Es cine porque es emocionalmente monocorde? ¿Es cine porque es primaria? ¿Es cine porque es artificial? ¿Es cine presumir de lo grande que el director tiene su pene? ¿Es eso cine?

Unknown

Esto no es un ataque de un oso.

Y aquello no era una pipa. En la escena del ataque del oso, en todo momento eres consciente de que no está habiendo un ataque de un oso. Porque sabes que un ataque real de un oso habría matado a Leonardo Di Caprio. Estás delante de aquello y es apabullante visualmente e híper-realista, pero carente de emoción ninguna. Eres incapaz de suspenderte en la inmersión narrativa porque lo único que te preguntas es: ¿cómo han hecho el truco? Sabes en todo momento que hay un truco, un ilusionismo, una trampa… Hace mucho tiempo que algunos han olvidado que esto no va de hacer trucos, sino de hacer magia.

El Renacido es un intento desesperado más de reformularse en esta caída del paradigma cinematográfico como gran medio representativo de nuestro tiempo. La gente del cine hace tiempo que asistimos a la caída de un imperio. El público se ha diversificado en diversos formatos de ocio, cuando antes todo esto sólo eran cines. Uno de los intentos desesperados por volver a atraer a esta audiencia que se escurre entre los dedos es con las “experiencias absolutamente cinematográficas”. Por lo apabullante de su propuesta visual, El Renacido “sólo” se puede disfrutar en el cine. No hay mayor tontería: si estás en el cine (y tienes un mínimo de educación) no puedes hacer ninguna otra cosa más que mirar la pantalla. El cine no se sentiría desvalido si volviera a lo fundamental: a contar una historia que empieza y termina.

Si el 90% de las conversaciones que tienen lugar en esta industria no versaran tanto en el target, el marketing, la financiación, las televisiones y el dinero, y estuvieran más enfocadas a la historia, los personajes, y la historia, y los personajes, y vuelta a la historia y a los personajes… quizás y sólo quizás, el cine volvería a no tener rival.

Lo peor que le puede pasar a una obra es ser inane. El Renacido puede ser cine, pero bien le haría falta tener algo de complejidad, profundidad, capas emocionales, personajes interesantes, tensión dramática, y sobre todo tener algo que contar. Es decir, algo de televisión.

Y algo de magia.

Salvador

Dice Javier Cercas en su último libro El punto ciego, que la novela moderna empieza con El Quijote y es asumida mucho antes por el resto de Europa, especialmente por los ingleses y por los franceses mucho antes que por los españoles. Cervantes se inventa una especie de formato contenedor con todos los géneros, en el que cabe toda forma expresiva con un único fin: cambiar la realidad a través de la novela. Es decir, la novela quiere ser un instrumento de transformación social. A la pregunta central que El Quijote plantea: ¿está loco o no está loco Alonso Quijano?, la respuesta de Cervantes no es otra que una superación de ese mundo dogmático y aristotélico de blancos y negros, de síes y noes. Es una respuesta abierta porque el libro es la respuesta. Esa es su forma de transformar la realidad, explicando la complejidad del ser humano y por tanto del mundo.

Unknown

El punto ciego de Javier Cercas.

Leí a Jorge Carrión (creo que en un tuit, así que es posible que lo cite mal) decir que la gran victoria de la novela es que había logrado fagocitar todos los otros géneros de representación (series, cine, teatro, documental, etc.). Ese planteamiento de meter todo lo que uno quiera encajar en una historia con la intención final de transformar la realidad -que es a lo que se dedica la novela- es lo que permite que las artes representativas tengan un espíritu verdaderamente universal.

El pasado miércoles 2 de Marzo, Pablo Iglesias inició su primer discurso en la sesión de investidura recordando a Salvador Puig Antich en el 42º aniversario de su asesinato. A pesar de que muchos no vivimos (por edad) aquel oscuro y condenable episodio de nuestra historia, recordamos la memoria de Salvador con un eco emotivo profundo. Y si así lo vivimos, emocionados por la injusticia, fue gracias al poder transformador de la realidad que no reside en la política, sino en la novela, y por tanto en el cine, en las series, en las historias.

Espero que Manuel Huerga, Lluís Arcarazo y Francesc Escribano (en cuyo libro Compte enrere. La història de Salvador Puig Antich está basada la película) se sientan infinitamente felices, han conseguido lo que muy pocos consiguen: inspirar la transformación de nuestra realidad y hacerla un poco mejor a través de su obra.

Salvador.

Spotlight

El 2 de febrero escribí en mi twitter (@theEnricPardo) acerca…

…de Spotlight.

1) Muy buen cine adulto comercial ‪#Spotlight. Pulso narrativo extraordinario, profundidad, arquitectura perfecta, actores de traca.

2) Cine de periodistas, un género un poco en desuso. Adopta formas clásicas y es justo lo que la narración pide: 0 alardes, siempre smile.

3) Tuve la sensación de estar viendo una pieza de museo, casi de arqueología. No podía dejar de preguntarme si esa historia…

4) …se podría contar en la actualidad? Es decir, ¿cuántas redacciones de periódicos, cuantos ‪#spotlight han sucumbido a la crisis del…

5) …periodismo? ¿Cuántas a la crisis económica, y a la crisis del modelo de negocio tradicional del papel?

6) Los personajes son un poco de una pieza, pero supongo que es lo que ocurre cuando vienes de chuparte horas y horas de tv*.

7) La vuelta al formato cine, lo que más se resiente es la poca profundidad en la construcción de personajes que te permiten las dos horas.

8) La tesis sobre la que se construye el discurso es compleja, con varias capas de lectura y absolutamente adulta.

9 y Fin) Los católicos son una banda criminal organizada que se dedica a abusar de los niños y no hay que mirar hacia otro lado y tal.

Y hoy 1 de Marzo, sólo añadiría el aviso a navegantes que dan estos Oscars. Podemos entrar a discutir si representan algún tipo de tendencia, o no. Todo el mundo conoce la cantidad de atropellos que la historia de los premios ha cometido, y a mismo tiempo la cantidad de buenas películas ganadoras. Sin embargo, no puedo dejar de resaltar el hecho de que Spotlight haya resultado ganadora del Oscar al mejor guión original y -casi que por adición- al de mejor película.

*Aquí hablaba de series, no de televisión tipo HMYV.