Calcetín de ex desparejado

Calcetín de ex desparejado” es probablemente una obra cumbre.

El proyecto -largamente ambicionado por su autor, que ya dejó escrito en una entrevista años atrás las siguientes palabras proféticas: “sé que algún día monetizaré toda esta mierda”- es ejecutado en pleno proceso de maduración. Pertenece a su etapa más prolífica, que la crítica ha venido en llamar: “venganza”; aunque otros expertos también la han definido como “estar en la mierda”.

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“Calcetín de ex desparejado” es una obra compleja, llena de matices, casi poliédrica y con múltiples capas que interpela al espectador con preguntas sin respuesta: ¿es sólo un calcetín?, ¿es un calcetín robado a la ex antes de marcharse?, ¿es un calcetín olvidado?, ¿es un calcetín olvidado a propósito?, ¿es la exposición del calcetín una forma de superación?, ¿es la representación del calcetín una expresión de haber dejado atrás el pasado? O acaso, ¿es el calcetín desparejado un acto de profundo e íntimo dolor?

“Calcetín de ex desparejado” también parece decirnos: “sólo me queda esto de ti, una parte incompleta de lo que fuimos”; pero al mismo tiempo, nos damos cuenta de que el autor podría llamar por teléfono y decir: “no busques más, tengo tu calcetín desparejado, ¿quieres que te lo envíe por MRW?”
Sin embargo, huyendo de lo prosaico, el autor decide subirlo a instagram. Es este un acto de belleza y madurez singular (muy original y transgresor en la vanguardia artística de la época) que expone el dolor íntimo de un calcetín que se sabe otra cosa, que ya ha pasado a ser algo distinto, un objeto inútil que ya ha dejado de significar lo que solía significar. Es en ese preciso instante cuando el calcetín deja de ser un calcetín de ex desparejado. Y muy probablemente, éste sea el significado último de la pieza: para el autor ya no hay nada en ese objeto que le recuerde a su ex, sino que que se convierte -bajo el influjo de su mirada creadora- en un ir más allá de la cosa, en un dejar atrás el ser calcetín, para convertirse en arte.

Nótese la ironía del uso del filtro Valencia, un filtro muy utilizado por los instagrammers y que al utilizarlo parece que el autor nos diga: “Ja, yo también soy capaz de hacer arte popular”.

La parodia, la política y la ficción

La noche de fin de año, TVE programó el especial de José Mota. El programa, lleno de humor blanco y generalista, se fundamentaba en una parodia de la clase política. A diferencia de lo que ocurre una vez a la semana en Polonia (TV3, televisión pública catalana), o cada día en El Intermedio (La Sexta, televisión privada generalista), los personajes políticos eran parodiados por su forma de hablar y no por su contenido. El espacio anual para la parodia que la televisión pública española cobija, es un espectáculo al servicio del talento de los guionistas y la gran capacidad de imitación de Mota. Pero también es superficial, e inane; es una parodia intrascendente que nace muerta porque no busca desnudar al personaje.

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El humor paródico antes se centraba en personajes famosos y conocidos por el gran público: toreros, cantantes, artistas, escritores, actores y, en los últimos tiempos, en deportistas. Hoy por hoy, la parodia se centra en los políticos. El motivo se fundamenta en que la parodia funciona como espejo distorsionador de la realidad para criticarla; por tanto, cuanta más gente conozca esa realidad, más gente podrá reír. Parece que hace siglos que los Muchachada empezaron a parodiar personajes menos populares, menos mainstream; buscando nuevos públicos, mediante un humor diferente. Entonces, encontraron un espacio en La 2 (cadena pública con coartada cultural).

Quizás los políticos son ahora los personajes culturales más conocidos por el público generalista, y por tanto los más parodiables. Pero, ¿sabemos más de política? ¿O simplemente estamos más expuestos a la información culebronesca con personajes, situaciones y giros inesperados de guión? ¿Sigue siendo la política un arma de transformación de la sociedad, o es un arma de ocupación de espacios de televisión? ¿Han cambiado estos espacios su forma de explicarnos la política? La narrativa seriada de estos programas imprime la sensación de que no puedes perderte el siguiente capítulo de la actualidad política. Los actores políticos se vuelven personajes pop de una ficción que los engulle en una dinámica en la que el espectador se ve obligado a tomar partido entre buenos y malos. La crítica televisiva dice que la ficción moderna presentaba personajes poliédricos llenos de grises y matices, reformulando el concepto del bien y del mal, de los buenos y los malos, como siglos atrás lo hizo la novela moderna. ¿Por qué ese atraso en la narrativa política y en su parodia?

Antes, la gente quedaba y hablaba de películas, de libros, de conciertos, del partido del sábado (cuando había fútbol una vez a la semana) y ahora, con el primer vermut ya están discutiendo como forofos no de política, no de contenidos, sino de sus personajes favoritos que intervienen en política.

El problema no es sólo que la política nos polarice defendiendo a los nuestros de los otros; el problema es que como ficción es muy pobre.

Debbie Reynolds

Intentando escoger el mejor gif para recordar a Debbie Reynols, me ha sido imposible no acordarme de la primera vez que vi Singing in the rain un sábado por la mañana. Estaba grabada en un vhs, con los cabezales desgastados que interrumpían los frames de vez en cuando. La cinta había sido grabada un viernes por la noche. Mi hermana y yo la vimos al día siguiente absolutamente fascinados por la música, las coreografías y la desbordante imaginación de aquella película.

Hace unos años, los hijos de Antonio Mercero recogieron el Goya de honor y dijeron “que lo único bueno que tenía el alzhéimer que sufría su padre es que puede ver Cantando bajo la lluvia cada día como si fuera la primera vez”. Hace un par de días, los diarios digitales se afanaron en la búsqueda de clics con la noticia de que los Bajo Ulloa ponían a la venta el Goya al mejor guión original por Alas de Mariposa. Algún imbécil se alegraba de la desgracia ajena desnudando su miseria personal en tuits.

Es posible que la muerte se haya llevado a Debbie Reynolds, igual que un día antes se llevó a Carrie Fisher, una mujer inteligente, libre y feliz que es lo máximo a lo que una persona puede aspirar. Es posible que las películas se queden ahí para siempre, pero ese mundo lleno de fantasía, de recuerdos, aquellas emociones puras y geniales se están marchando. Quizás sea hora de pensar qué clase de mundo nos está quedando y qué vamos a hacer nosotros por él.

Lo que pasa en Catalunya

Inés Arrimadas dijo: “Soy consciente de la gravedad porque vivo en Catalunya, porque llevo escolta en Catalunya, porque sabemos lo que pasa en Catalunya”.

Inés Arrimadas dijo lo que todos pensamos, lo que todos sabemos, lo que todos callamos. En Catalunya hay una atmósfera viciada, un odio entre dos bandos larvado en la inquina, basado en una supuesta superioridad moral de los unos sobre los otros; es un odio extremo que a veces raya en la violencia cotidiana. Hay dos bandos enfrentados a punto de estallar. Es un conflicto de raíces profundas que tiene su epicentro entre el barrio de Sant Antoni (feudo de unos) y Passeig de Gràcia número 1 (la casa gran de los otros). Dos bandos a punto de hostiarse, dos bandos a punto de la guerra civil, dos bandos balcanizados: peceros contra maqueros.

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Hace pocos meses, unos desconocidos me pegaron y me robaron mi preciado iphone 4, al grito: “¡de viva Android, puto maquero, ¡arriba el páncreas malware de Steve Jobs!” Estos y no otros, son los problemas de la Catalunya real. Hay algunos más como el sistemático lavado de cerebro del sistema educativo catalán a través del aprendizaje de los pronoms febles mediante el programa un niño/un portátil. Una vez aprenden bien toda esa mierda, los niños pueden ir -como uno más- con los tobillos desnudos, cadenas de oro, y mucho swag a la puerta del Apple Store. Tampoco se habla de que nadie sabe el tiempo exacto de espera para una operación de cadera. Todos sabemos y todos callamos que la lista está guardada en un archivo excel, en un pentium cuyo sistema operativo es un Windows XP que está eternamente reiniciándose.

¿Por qué lleva escolta la señora Arrimadas en Catalunya? Básicamente porque la gente lee poco, y cuando lee es a través de su tablet. Las tablets queman la córnea de tal manera que inoculan el virus de la violencia. La gente ya no va a las bibliotecas. La gente no consulta en ellas qué es la Cruz de Borgoña, lo hace en google. La gente está muy ocupada declarando el iva de autónomos, on line. “Esas son nuestras pancartas” dijo Albert Rivera el otro día en el Congreso blandiendo un recibo de autónomos. Qué gran momento habría sido que blandiera un libro. ¿Se imaginan un mundo donde un político para hacer populismo barato sacara el “2666” de Bolaño  y dijera: estas son nuestras pancartas?

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Lo que pasa en Catalunya es que nos vamos a hostiar porque el wifi está muy caro.

Maite Rico y Guillermo Toledo

En su artículo “La mala entraña“, Maite Rico dice muchas cosas sobre Guillermo Toledo. Algunas son aceptables y otras no lo son en absoluto.

El artículo aquí:

http://elpais.com/elpais/2016/08/23/opinion/1471976083_695929.html

No es aceptable imaginar cómo fue la llegada de Guillermo Toledo a Cuba con “parabienes de la dictadura” para condicionar ideológicamente al lector. Eso no es periodismo. Tampoco es aceptable congratularse por los momentos de “emoción colectiva y la alegría” de la medalla olímpica del deportista y olvidar los momentos de “emoción colectiva y alegría” que la carrera de Guillermo Toledo nos ha dado. Tampoco es periodismo afirmar que Ortega “con 25 años ha destacado ya mucho más en su profesión que Toledo en la suya, y eso que le dobla la edad”. Maite Rico olvida a propósito su participación en la serie 7 vidas, en las películas El otro lado de la cama, sus monólogos en El club de la comedia, o (si de cuantificar lo intangible va la cosa) sus nominaciones a los Premios Goya, Unión de Actores, o Fotogramas de Plata, por no decir de los montajes teatrales que la compañía Animalario viene realizando desde que la fundó.

¿O acaso esos no eran momentos de emoción y alegría colectiva? ¿Acaso hay momentos de emoción y alegría de primera y de segunda? ¿La emoción y la alegría colectiva que emana del deporte es mejor que la alegría y emoción colectiva que emana de las artes? Es esa la tesis que subyace en el texto de Maite Rico.

Este es el texto de Guillermo Toledo:

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No estoy de acuerdo en muchas de las afirmaciones políticas del señor Toledo, faltaría más, algunas incluso me parecen ofensivas y no creo que estuviera nada acertado, sin embargo, estoy completamente de acuerdo en su punto de vista acerca de cómo se compra la alegría y emoción nacional para unos juegos olímpicos y como el capitalismo pervierte todo lo que toca, incluido los valores olímpicos. Emoción y alegría nacional, carne de telediario.

Finalmente, el texto en frío de Maite Rico es muy lamentable. No es digno de una cabecera como El País. Aunque día tras día, El País es más y más indigno con su memoria. Terminar el texto valorando que la cuenta parodia @WillyTolerdoo tenga 10.000 seguidores más en Twitter que el verdadero Guillermo Toledo nos desnuda la estúpida escala de valores de Maite Rico.

Por cierto,@WillyToledo2012 tiene 8779 seguidores. @maiterico tiene 2171.

Eso sí, Guillermo Toledo los tiene sin haber publicado un solo tuit.

La noche que me encontré con Monstruo Espagueti

La primera vez que vi a Monstruo Espagueti me pareció una colgada. Dicen que la primera impresión es la que cuenta y en este caso fue así: acerté.

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http://monstruoespagueti.com/

Fue en la presentación en Madrid del libro La vida es corta y luego te mueres que escribí en colaboración con Lyona. Yo no la conocía de nada, ni tampoco había leído nada suyo. Se acercó a regalarnos su libro con una actitud quizás “demasiado entusiasta”. Nos dijo que lo que hacíamos tenía cierta similitud de tono y que era posible que nos gustara. Como soy medio catalán de adopción y sé los pocos libros que en las editoriales entregan a los autores pensé que quizás aquel regalo era un dispendio excesivo, pero no le dije nada y lo acepté.

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El caso es que devoré su libro de una tacada en el Ave a Barcelona. Al terminarlo, Anastasia ya no sólo me pareció una colgada, sino que me pareció una colgada brillante y extraordinariamente talentosa. Poco a poco, empecé a seguirla por sus redes sociales dónde cuelga sus historias, dibujos e ideas, y empezó a ocurrir algo que me ocurre muy pocas pocas veces: Monstruo Espagueti siempre daba en el clavo con un pensamiento o una idea acerca de un tema -que yo sabía que tenía dentro- pero que habría sido incapaz de expresar de una forma tan genial, original, divertida e irreverente.

Cuando encuentras a una artista así, que te da incluso hasta un poco de rabia por lo buena que es la hija de puta,no puedes más que seguirla, darle Me gustas, RT y corazones, y compartir todo lo que hace todo el rato.

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La noche que me encontré con Monstruo Espagueti había salido a cenar con unos amigos por el Raval. La vi en la calle Joaquim Costa y me acerqué a ella con quizás “excesivo entusiasmo”. De manera atropellada le dije que me encantaba lo que hacía y que me alegraba mucho de que le fueran bien las cosas y añadí: “soy un huge fan” (sí, lo dije así). Noté que la abordé un poco demasiado alterado, casi como si fuera un poco la clase de fan que interpreta Kathy Bates en Misery. Noté su incomodidad cuando farfulló algo así como: “ya, esto es lo que suele pasar en las redes sociales”.

Me sentí un poco bobo, porque sé que pensó: “mira este tío, menudo colgado”.

Después estuve reflexionando acerca de todo esto. Sigo a Monstruo Espagueti desde hace ya casi dos años y lo hago desde casa, en pijama, desde mi Macbook Pro, desde mi smartphone, en la intimidad de mi hogar… Es decir, para mí, lo que cuelga Anastasia en sus redes es importante, es bonito, me hace feliz, cada día se cuela en mi vida, en mi rutina, pero ella eso no lo sabe… Porque las redes sociales creemos que son multidireccionales, pero algunas veces son bidireccionales y casi siempre son unidireccionales.

Pensé que tenía que escribir sobre ello. Sobre lo que significa para nosotros el trabajo de algunos artistas y lo muy cerca y muy lejos que estamos los unos de los otros. No sé si tengo una opinión sobre todo esto, pero creo que merece una reflexión.

Estoy esperando que la dibuje Anastasia, seguro que será brillante.

PD: Le escribí a Anastasia pidiéndole permiso para escribir este texto; y aquí tenéis su respuesta.

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La muerte de Michael Cimino

 

Es la segunda vez que Michael Cimino se muere. O al menos, es la segunda vez que muere para Hollywood. El fracaso en taquilla de Las Puertas del Cielo que arrastró a la quiebra a United Artists, el estudio que la financió, fue su primera muerte. Una muerte social, artística e industrial que sólo puede ocurrir en el negocio del cine.

Para mí The Deer Hunter (El Cazador) no es sólo una película. Es una de las pocas películas que dan existencia ya no a una carrera, sino a una forma de representar la vida. En otras palabras, si el cine existe fue para que alguien como Cimino pudiera rodar una película así.

Sé que la huella emocional que El Cazador dejó en mí se debe a que es esa clase de películas que veía con mi padre y para las que muy probablemente aún no tenía edad. Con él he visto películas que me han hecho ver la complejidad del mundo y del ser humano, lo cerca que podemos estar del cielo y del infierno. A menudo se me olvida decirle las cosas que he aprendido de él. Creo que es un buen momento para darle las gracias por no censurarme jamás ningún tipo de contenido “inapropiado”.

El Cazador no es sólo una buena película que deja poso porque eres un niño. No, El Cazador es una película que se mantiene firme hoy en día como el retrato de una época, de una generación y de la condición humana. Vuelvan a verla, véanla con sus hijos, que se hagan preguntas, que se incomoden: harán del mundo un lugar mejor. Ese es su legado.

La muerte de Cimino es también la muerte de un tipo de cine que ya no volverá. El cine ha cambiado tanto que es impensable que nadie pueda financiar una película así hoy en día. Los cineastas sabemos que dentro de una misma historia, o de un mismo tema, hay ciertas cosas que no podemos hacer porque no las van a entender o no les va a gustar a aquellos que deciden qué películas se hacen y qué películas no. En todas partes hay unos pocos outsiders, es cierto, pero el grueso de las películas que se producen son películas impermeables, auto-censuradas, dirigidas a un público determinado, targetizado, que no tienen el objetivo de remover emocional e intelectualmente a las clases medias del mundo.

Con esta segunda muerte de Cimino, muere también una forma de entender el cine, el arte y una forma de representar la realidad con el firme propósito de querer cambiarla. Quizás sea la constatación del fin de una época y quizás vaya siendo hora de vestirnos de luto y hacer un duelo.

Es una vergüenza para el negocio del cine, para Hollywood y para el sistema que Cimino se haya muerto teniendo “un armario lleno de guiones que quería rodar“.

El relato de los números

La madrugada del domingo al lunes, Lebron James ganaba su tercer anillo de campeón de la NBA. Lebron ha disputado 7 finales, y hasta el momento su record queda establecido en 3 victorias por 4 derrotas, lejos de las 6 victorias de Michael Jordan, lejos de los seis, siete, ocho, nueve… anillos que prometió a su llegada a Miami. Su promedio en estas finales a 7 partidos contra los Golden State Warriors han sido de 29,7 puntos; 11,3 rebotes; 8,9 asistencias; 2,6 robos y 2,3 tapones.

Esos son los números.

Aunque esos números son una realidad, no explican cómo ha cambiado nuestra percepción de Lebron James. Porque si bien es cierto que la realidad no existe y que es una convención de la que nos dotamos, sí existe el significado que le damos a la percepción de esa realidad. Y la percepción del número 23 de los Cavs ha cambiado en todos nosotros porque su historia, su relato ha cambiado.

-Primero se nos contó la historia de The chosen one, el elegido, aquel que iba a destronar a Michael Jordan del olimpo de los dioses del baloncesto. Los que crecimos con el número 23 de los Bulls odiamos un relato que atentaba contra la nostalgia de nuestra juventud. Por eso odiamos a Lebron James y jaleamos sus derrotas en las finales.

-Cuando la historia de Lebron tomó rumbo a Miami previo paso por el show televisivo de The decision, lo odiamos todavía más: se convirtió en un personaje despreciable, mercenario, arrogante y ambicioso que ansiaba el anillo por encima de todas las cosas. Representaba el valor del dinero por encima del amor a los colores.

-Cuando ganó por fin sus primeros 2 anillos consecutivos nos dolió reconocer la superioridad de sus números, y siempre, siempre fuimos con el equipo que compitiera contra él en las finales. Podía ser un gran jugador de baloncesto, no cabía duda al respecto, pero no era nuestro héroe, no amábamos su relato.

-Sonreímos cuando los vetustos Spurs de Tim Duncan, Ginóbili y Parker les barrieron con el mejor basket que se ha visto nunca. No sólo nos gustó sino que además nos pareció acertado el relato de equipo built contra equipo bought. Fundamentos contra dinero. Experiencia contra arrogancia. Talento contra músculo. Ese relato nos gustaba, ese relato nos emocionaba, ese relato era baloncesto en estado puro.

-Lebron volvió a perder una nueva final contra Curry y los GSW cuyo juego abierto, nuevo, alegre y diferente cambiaba la concepción del baloncesto a un small ball. El relato de los de Oakland era más democrático, más universal, más de todos nosotros.

Parecía el principio de una dinastía y el final definitivo del Rey destronado.

Sin embargo, la percepción de la realidad del personaje de Lebron había empezado a cambiar. Un año antes, Lebron había decidido volver a casa, sin excesivas garantías de que el cambio fuera a mejor, con el único propósito de ganar un anillo de campeón para su gente, para Cleveland, para Ohio; uno de los Estados más pobres y deprimidos de América. Por primera vez en unas finales, no queríamos que Lebron perdiera, no queríamos verle humillado, y empezó a parecernos que el baloncesto estaba siendo poco generoso con el personaje.

Sus números seguían ahí, pero su relato era distinto, había dejado de ser un personaje arrogante para convertirse en un redentor. Su relato nos era más cercano, más suave, más positivo. Aunque esa no fuera la realidad, porque la realidad no existe, esa fue nuestra percepción, y de todos es sabido que las cosas ocurren no por la “fuerza de los números”, sino por la fuerza del relato.

Héroes modernos

The Imitation Game explica la historia del criptoanalista Alan Turing responsable de descifrar los códigos de la máquina Enigma de la Alemania Nazi. Este hecho fue crucial para la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. TIG es una película correcta sobre héroes “incorrectos”. Una de esas producciones solventes y bienintencionadas, que explican una historia crucial para la humanidad.

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La historia se centra en el conflicto moral de dejar morir a unos cuantos para salvar a unos muchos. Es decir, el conflicto de las grandes decisiones que siempre se toman en las alturas y no en el conflicto a ras de suelo de los mortales ciudadanos llamados a leva. No es casual que el cine comercial mainstream recoja esa tradición de historias que explican las vidas de los generales, en lugar de las de los pobres soldados. El cine comercial mainstream sigue apostando por esas grandes epopeyas como si los reyes continuaran siendo los importantes y no sus vasallos.

El personaje que interpreta Cumberbacht, que no deja de ser un vasallo al servicio de los reyes, es también una especie de Merlín, un sabio con una magia que es capaz de detener la guerra y reducir exponencialmente sus consecuencias. Si la historia y la sociedad occidental fuera como debiera, no habríamos tardado 70 años en hacer de Turing un héroe. Y sin embargo, la película -muy dulcificada- explica su triste historia: muriendo solo, apestado, sin el menor reconocimiento, castrado químicamente por su homosexualidad, su diferencia, su “enfermedad”.

¿Qué clases de héroes construimos? ¿Qué clases de héroes merecemos? ¿Qué trato les damos a los héroes? Podríamos pensar que 70 años más tarde, hemos evolucionado algo. Pero basta con echar un vistazo a los héroes que diariamente ocupan horas de televisión y radio, y encabezan las portadas de los diarios digitales con sus gestas. Nuestros héroes no son gente que haga cosas realmente extraordinarias, que salven vidas y mejoren la vida de la gente. ¿Cuántos Marie Curie, cuántos Ramón y Cajal, cuántos Picassos, cuántos Cervantes, cuántos Turings anónimos hay ahora en el mundo? ¿Y cuántos seguidores de Twitter tienen? Porque así es cómo ahora valoramos a las personas.

Sin embargo, nos da igual lo que hagan nuestros héroes modernos fuera de su ámbito profesional. Mientras rindan con sus gestas, mientras hagan su trabajo allá donde toca, nos da igual su falta de educación, sus formas, su (in)cultura; si desprecian a los periodistas y les insultan en ruedas de prensa; nos importa un pepino si (nos) defraudan a hacienda; celebramos que golpeen a sus novias; nos la suda si se follan a menores en orgías concertadas por productores de cine X metidos a criminales y a la trata de blancas. Son deportistas, son héroes, y como tales, tienen absoluta impunidad.

Parece que esas son nuestras guerras modernas y nos da igual la “enfermedad” de nuestros héroes con tal de que las ganen por nosotros.

Los héroes anónimos

En Rounders, Matt Damon interpretaba a un tahúr asiduo de timbas de póker en los bajos fondos neoyorquinos. En un momento del film, su personaje decía que “si no distingues al primo en la primera media hora de partida, es que el primo eres tú“. Hay veces en que uno no sabe cuál es su identidad, ni el lugar que ocupa en el mundo, ni en la partida de póker que es la vida. A todos se nos ha quedado cara de tonto al descubrir en un contexto concreto quiénes éramos en realidad y el papel que nos había tocado jugar.

Las historias, las formas de representación de la realidad tienen ideología, no son inocentes, y por acción o por omisión tienen un mensaje con una carga política. En el mejor de los casos los creadores son conscientes, pero a veces ocurren pequeños milagros involuntarios en que los autores se retratan a sí mismos.

Los héroes anónimos es un ejercicio de psicoanálisis público, político y colectivo, en que se nos quiere pasar por gente corriente la visión de la gente corriente que tienen sus autores; y esa visión es la que no lo es. Desde la súper-mami que llega a todo y se la invita a callar con condescendencia machista, pasando por los Cuñado’s con la frasecita para todo, hasta llegar a la parodia zafia del comunista gorrón, se nos presenta una visión ideológica totalmente involuntaria, pero absolutamente reveladora.

“Estos sólo han perdido el tiempo y ahora a gastar dinero otra vez”, ergo las elecciones democráticas son un gasto…

Probablemente ese bar es un espejo deformado del pensamiento de sus autores: un bar de cartón dónde la parroquia suelta cuatro vaguedades superficiales con las que salir del paso y quedar bien con casi todo el mundo; un espacio donde el cuñado habla y no escucha, dónde la profundidad sea motivo de burla, porque en la profundidad está el matiz, el esfuerzo intelectual, la complejidad y es ahí donde uno está desnudo sólo con sus ideas, su escaso talento y su ambición capaz de tomar todos los atajos del mundo.

Imagino a los autores en la timba de póker que es la vida mirando alrededor y dándose cuenta que por lo que dicen, por cómo lo dicen, por lo que hacen, y por su forma de decirlo se dan cuenta de lo que son en realidad: falangistas.