Hoy he soñado con Cristopher Nolan

Hoy he soñado con Cristopher Nolan.

Nos comíamos unos tacos mexicanos y Cristopher decía con un acento muy gracioso que su preferido era el taco de “cochinita pibil”. Después probaba unos nachos con queso, guacamole y carne picada y su pálida tez se volvía sonrosada cuando engullía un jalapeño. Después de refrescar su no-oscarizado gaznate con un buen trago de michelada me preguntaba si me iba a terminar mis quesadillas. Las cortaba por la mitad y las repartía al tiempo que le preguntaba si volvería a hacer una peli de Batman algún día. Nolan me respondía que creía haberse ganado el derecho a no rodar franquicias y dedicarse solamente al cine.

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Brindamos con sendas margaritas por esa cosa antigua llamada: cine.

Después teníamos una pequeña disputa por pagar la cuenta que gané yo. Entonces se sintió en deuda conmigo y me dijo: “Enric, pídeme lo que quieras”.

-¿Lo que quiera, lo que quiera?, ¿de verdad?

-Lo que quieras, lo que quieras, de verdad… mientras no tenga que rodar una franquicia de superhéroes, pídeme lo que quieras.

Después de meditar unos instantes respondí con una sonrisa:

-Molaría que rodaras una peli al año.

-¡De acuerdo, a partir de ahora: una al año! -dijo dando un brinco y riéndose, para después añadir con su acento gracioso-: Pinche wey.

Hoy he soñado que volvía a mi clase de EGB

Hoy he soñado que volvía a mi clase de EGB.

Muchas veces he soñado que alguien descubría que no había aprobado las matemáticas de séptimo de EGB, o que había hecho trampa en un examen y me veía obligado a mezclarme con niños de ocho, nueve o diez años. Mis piernas no caben en los pupitres, me siento humillado y todos los críos se ríen de mí. Si has tenido este sueño alguna vez se debe a que tú también tienes el síndrome del impostor.

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Pero no, mi sueño de esta noche era distinto al de otras veces.

Mi maestra de básica, Fina Felip, una de las pocas maestras que tenía una fe ciega en mí, nos castigaba a toda la clase a hacer deberes. Todos mis compañeros (Benjamí, Valentí, Xavieret, Roderic, Balma, Vicent, etc) los niños de entonces -no los adultos de ahora- con sus caras de entonces, sus ropas de entonces, sus expresiones de entonces, se acercaban a mí y me pedían que les ayudara con sus tareas. Me decían que yo era guionista, escritor y adulto y que no me iba a costar ningún esfuerzo. Uno a uno les decía que sí y terminaba haciendo las redacciones, comentarios de texto y deberes de toda la clase, porque soy guionista, escritor y adulto. Al terminar, Fina me pedía mis deberes y cuando se los entregaba mi hoja estaba en blanco. Fina, muy decepcionada, se veía obligada a suspenderme como si volviera a tener ocho, nueve o diez años. Después me miraba a los ojos y sonreía al darse cuenta de que como ella, yo ya era un adulto. Durante unos segundos los dos hemos sentido que pertenecíamos a un mismo club.

Esta mañana, al escribir el sueño, he entendido que cuando eres guionista, escritor y adulto, tu vida consiste en escribir cosas para los demás porque sigues pensando que tienes ocho años y eres un impostor en un mundo de adultos, y al final tus deberes, tus historias, lo tuyo… lo tuyo siempre es lo último.

Hoy he soñado con Paula Bonet

Hoy he soñado con Paula Bonet.

Estaba corriendo como suelo correr, escuchando a Johny Cash y a los Stones -que es lo único que puedo escuchar haciendo ejercicio sin ponerme triste- cuando un montón de gente ha empezado a gritarme y a hacerme gestos alertándome de que me detuviera, ya que estaba a punto de estropear un mural que Paula Bonet estaba pintando.

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Aunque Paula se ha reído de mi torpeza, la gente me miraba como si hubiera estado a punto de acuchillar a un recién nacido. Después, Paula me ha dicho que no tenía importancia y que no estaba convencida de la parte del mural que había estropeado; así que nos marchamos juntos a comprar materiales para restituir las piezas que había pisado con mi torpeza.

Caminábamos por mi barrio y nos encontrábamos con muchos perros y vecinos a los que yo conocía de mi vida anterior. Paula me decía que me veía muchísimo más delgado que cuando nos conocimos en Sevilla, yo le respondí que era lo más bonito que me habían dicho nunca y puse mi cara de emoticono con corazones en lugar de ojos.

Al cruzar un portal abierto de par en par, asistimos a una tremenda discusión en una escalera de vecinos convencional con sus problemas cotidianos convencionales. Paula me preguntó si echaba de menos cosas de mi vida anterior. Yo le dije que algunas sí, como planificar las comidas, cocinar para dos, o conocer a todos los perros del vecindario; aunque también sentía que me había librado de esa clase de vida convencional.

Paula sonrió y me dijo que esa clase de vida convencional llena de perros, comidas, compras y vecinos, nos atrae de la misma manera que nos atrae una vida ajena y paralela llena de aventuras, misterios y peligros: “porque para nosotros, de alguna manera, una vida convencional es una historia irreal llena de fantasía”.

Hoy he soñado que hacía yoga

Hoy he soñado que hacía yoga.

En realidad es un sueño basado en hechos reales, desde principios de agosto he empezado a acudir a clases de yoga. Era cuestión de tiempo que soñara con el saludo al sol, la cobra y el perro.

En mi sueño, la profesora tras haber terminado todos los ejercicios, nos pedía que nos relajáramos, que fuéramos conscientes de nuestra respiración, de nuestra ropa, de cada parte de nuestro cuerpo “que es perfecto…”

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Yo siempre pienso: no, no lo es.

Entraba entonces, en un momento de gran meditación y relajación mental y venía a mi mente una imagen muy turbia y extraña, al tiempo que pacífica: una ecografía sin feto. Como si me hubieran practicado una eco a mí mismo, pero en la que (obviamente) no estuviera embarazado. La profesora continuaba con su speech de conciencia del ser individual y se dirigía a mí para decirme:

-Y tú, hombre heterosexual sin ninguna elasticidad (como si fuera una minoría étnica), sé consciente también de tu no-embarazo.

Entonces he respirado profundamente con el abdomen, y siendo muy consciente de mi no-embarazo, le he dicho: Námaste*.

*que te jodan en indio.

Hoy he soñado con mi Médico de cabecera

Voy a preservar su nombre en el anonimato, pero es una mujer muy competente, que a pesar de los recortes en sanidad y de trabajar en uno de los barrios más duros de la ciudad siempre me ha tratado con absoluto respeto y profesionalidad. Tendrá una edad indeterminada entre los 45 y los 65 años y en el sueño me preguntaba con cariño por qué había ido a su consulta.

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Yo le decía que no dormía bien, que estaba nervioso y que tenía un poco de ansiedad. Ella me preguntaba el motivo y yo le explicaba mi historia personal reciente. Entonces, ella me decía que lo sentía mucho, pero que no podía recetarme nada al respecto; y se creaba un incómodo silencio. Después añadió:

“Mira, Enric, no termino de creerme tu historia, tu personaje de hombre quebrado es poco convincente… me falta desesperación, me falta sentir tu frustración, oler tu decepción… sólo veo a un chico desorientado de 38 años y para darte esas medicinas, yo necesito a un hombre roto al borde del abismo” me dijo.

Entonces asentí, y como si estuviera en un pitching, le expliqué mi ruptura sentimental, el miedo que tengo de verme a mí mismo como el personaje de Paul Giamatti en Sideways (viejo, culto, infeliz y solo) bebiendo una botella de vino caro reservada para una ocasión especial en un restaurante de comida rápida… Esto la hizo sonreír. Después añadí que tenía mucha ansiedad porque no paro de trabajar y creo que me moriré sin haber concluido mi obra maestra. La Doctora me ha contestado que mejor, que ya le iba a interesando más mi historia pero que podía mejorarla con algo mejor, algo distinto, algo nuevo y original.

Tras pensarlo detenidamente, le he explicado que el otro día tuve una cita con una mujer, inteligente, sofisticada, con mucho sentido del humor y muy, muy guapa. Al despedirnos y a pesar de que había muchísima atracción por las dos partes, ella quiso darme un beso de despedida… pero yo le hice la cobra, argumentando que aún no estaba preparado para tener sexo.

-Genial, Enric -exclamó la doctora-. ¡Brillante! Eso es lo que le faltaba a tu historia, ¡qué giro más inesperado!

Sonreí al terminar mi pitching, y la Doctora firmó un par de recetas que me prescribió con mucha satisfacción.

Maite Rico y Guillermo Toledo

En su artículo “La mala entraña“, Maite Rico dice muchas cosas sobre Guillermo Toledo. Algunas son aceptables y otras no lo son en absoluto.

El artículo aquí:

http://elpais.com/elpais/2016/08/23/opinion/1471976083_695929.html

No es aceptable imaginar cómo fue la llegada de Guillermo Toledo a Cuba con “parabienes de la dictadura” para condicionar ideológicamente al lector. Eso no es periodismo. Tampoco es aceptable congratularse por los momentos de “emoción colectiva y la alegría” de la medalla olímpica del deportista y olvidar los momentos de “emoción colectiva y alegría” que la carrera de Guillermo Toledo nos ha dado. Tampoco es periodismo afirmar que Ortega “con 25 años ha destacado ya mucho más en su profesión que Toledo en la suya, y eso que le dobla la edad”. Maite Rico olvida a propósito su participación en la serie 7 vidas, en las películas El otro lado de la cama, sus monólogos en El club de la comedia, o (si de cuantificar lo intangible va la cosa) sus nominaciones a los Premios Goya, Unión de Actores, o Fotogramas de Plata, por no decir de los montajes teatrales que la compañía Animalario viene realizando desde que la fundó.

¿O acaso esos no eran momentos de emoción y alegría colectiva? ¿Acaso hay momentos de emoción y alegría de primera y de segunda? ¿La emoción y la alegría colectiva que emana del deporte es mejor que la alegría y emoción colectiva que emana de las artes? Es esa la tesis que subyace en el texto de Maite Rico.

Este es el texto de Guillermo Toledo:

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No estoy de acuerdo en muchas de las afirmaciones políticas del señor Toledo, faltaría más, algunas incluso me parecen ofensivas y no creo que estuviera nada acertado, sin embargo, estoy completamente de acuerdo en su punto de vista acerca de cómo se compra la alegría y emoción nacional para unos juegos olímpicos y como el capitalismo pervierte todo lo que toca, incluido los valores olímpicos. Emoción y alegría nacional, carne de telediario.

Finalmente, el texto en frío de Maite Rico es muy lamentable. No es digno de una cabecera como El País. Aunque día tras día, El País es más y más indigno con su memoria. Terminar el texto valorando que la cuenta parodia @WillyTolerdoo tenga 10.000 seguidores más en Twitter que el verdadero Guillermo Toledo nos desnuda la estúpida escala de valores de Maite Rico.

Por cierto,@WillyToledo2012 tiene 8779 seguidores. @maiterico tiene 2171.

Eso sí, Guillermo Toledo los tiene sin haber publicado un solo tuit.

Hoy por fin he soñado con Rosario Dawson-Parte IV

Llegamos en silencio a casa, que aunque no era mi casa, parecía mi casa. Dejé las llaves dónde suelo dejar las llaves, y Mia apareció y se tumbó a nuestros pies para que la acariciara. Se dejó a acariciar un rato por mí y en cuanto Rosario quiso hacer lo mismo, Mia le dio un mordisco territorial. Rosario la miró con condescendencia y se acercó a la nevera. Sacó una cerveza fría para mí y otra para ella. Después nos sentamos en las tumbonas y miramos el mar desde la terraza de una casa que era mi casa, pero que no era mi casa, porque desde mi casa no se ve el mar a simple vista. Las olas golpeaban contra la escollera y no había nadie más que nosotros.

Continuamos en silencio el resto de la tarde hasta que oscureció, cogidos de la mano, evitando mirar atrás dónde el elefante rosa literal y metafórico comía unos cacahuetes circenses. Cuando se hizo completamente de noche, Rosario reptó desde su tumbona a la mía y se subió encima mío a horcajadas. Me abrazó y sentí su pecho contra el mío, al tiempo que una ola rompía violenta contra las rocas. Le besé en el cuello y deslicé con suavidad el tirante de su camiseta. Ella me devolvió el beso en los labios y abrimos nuestras bocas haciendo que el sueño zozobrara con la brisa. No estoy seguro de lo que ocurrió después, o si lo recuerdo no creo que valga la pena detallarlo aquí; creo que este momento de intimidad lo guardo para Rosario y para mí.

Después, el sueño empezó a desvanecerse y desperté

Miré a los lados y la busqué en mi cama, dónde ya no había rastro de Rosario. La sensación implacable de realidad me invadió con un dolor hueco en la boca del estómago. Mia se acurrucaba a mis pies, encerrándose sobre sí misma, ajena a mis desvaríos. Miré la hora del reloj: las 6:41. Me había despertado mucho antes de que sonara el despertador y por eso tenía tan vívido el recuerdo del sueño. A toda velocidad apunté todos los detalles y todas las situaciones del sueño. Cuando terminé de escribirlo, supe que no volvería a dormirme.

Tras pasar por el baño, me preparé el desayuno y fui andando hacia el salón a pesar de que las piernas todavía me flaqueaban de cansancio. La casa parecía más vacía que nunca y sentí su ausencia como se sienten las ausencias cuando son imprevistas: irreales y disruptivas. Tuve la sensación de que Rosario se hubiera marchado antes de haber cerrado un capítulo, como si nuestra historia no hubiera terminado, como si nuestra función aún tuviera un último acto que quisiera ser representado. No obstante, recordé lo que me dijo acerca de la realidad y los sueños, sobre las ficciones y las verdades. Yo sabía que la vida es muchísimo más insatisfactoria que la ficción, donde la causalidad de las cosas es irreal, y siempre viene determinada por nuestra necesidad de dotar de sentido a nuestras vidas porque somos animales narrativos, que es lo mismo que decir que somos animales heridos por la infatigable búsqueda de sentido existencial.

Pensaba en todas estas cosas y quizás en ninguna, cuando mi smartphone me avisó de la recepción de un mensaje en mi correo electrónico. Pensé que sería algo de trabajo, porque los guionistas damos la impresión de no trabajar cuando estamos trabajando y cuando hacemos vacaciones el mundo conspira para no dejarnos descansar.

Abrí el correo electrónico y con el asunto: “Tus sueños”, Rosario Dawson me escribía un mail que empezaba así:

“Querido Enric.

Sé que no nos conocemos de nada, y quizás todo esto te parezca una locura. He conseguido tu email buscando en tu blog, y después de dar muchas vueltas me he decidido a escribirte.

Sé que sonará raro, pero anoche soñé contigo…”

¿Continuará?