Hoy por fin he soñado con Rosario Dawson-Parte III

Matamos a Pablo Motos sin saña, porque no somos asesinos. Le esperamos a la salida de su chalet veraniego. “Es una casa demasiado sencilla para alguien que hace tanto daño” dijo Rosario. En cuanto apareció por la puerta principal, Rosario le disparó dos veces: una en el pecho y otra en la boca del estómago haciéndole caer de rodillas. La sangre emanó de su boca y su rostro mostraba perplejidad. Me acerqué hacia él, apunté mi arma y vi como toda su vida pasaba en un segundo por sus ojos, obligado a tragarse todas las horas de televisión que había producido, todas las entrevistas a famosos, su humor de cuñado, sus masajes a políticos de derechas, a trancas y barrancas y toda la bazofia comprimida en un timeline de un solo segundo. Entonces y sólo entonces, le dispararé a bocajarro dos veces: una en la cabeza y otra en el corazón, o una bala dónde se supone que tiene la cabeza y otra bala dónde se supone que tiene el corazón.

Rosario y yo condujimos toda la noche en silencio de vuelta a algún lugar.
-Ya no soy sólo un agente del cambio. Ahora soy un agente de la revolución contracultural –le dije a Rosario.
-Bienvenido a la revolución. ¿Cómo te sientes?
-Invencible –después de un tiempo pensando le pregunté a Rosario-: ¿Por qué abandonamos la lucha armada?
-Fue un error político; el sistema nunca abandonó la lucha armada –dijo Rosario en un contraplano en B/N.

A través del retrovisor vi un elefante rosa en los asientos de atrás y dije redundante: “hay un elefante rosa detrás”. No era solo una expresión, literalmente había un elefante rosa sentado detrás, rompiendo la lógica del sueño, si es que un sueño puede tener lógica. Los dos supimos que no era sólo una metáfora y a los dos nos embargó una melancolía onírica muy poderosa. Conduje con la mano izquierda, y con la derecha le agarré la mano a Rosario, quien me la apretó con fuerza. Aunque el elefante rosa literal podía esperar, los dos sabíamos que teníamos que enfrentarnos al elefante rosa metafórico.
-No eres Rosario Dawson –le dije por fin.
-No. No lo soy.
-Eres la imagen de Rosario Dawson que mi subconsciente tiene de ti.
-Exacto.
-Nada de todo esto es real –le dije con pesar.
-De eso no estoy tan segura. ¿Puedes asegurar que los sueños no son reales?, ¿puedes afirmar que las ficciones no son verdad?, ¿acaso no están plagadas de mentiras, proyecciones e invenciones todas las relaciones humanas? –preguntó certera, sin esperar respuesta.
-Quiero decir…
-Sé lo que quieres decir –me cortó-. ¿Tú eres feliz, Enric?
-Ahora mismo sí. Acabamos de matar a Pablo Motos, ¿quién no sería feliz?
-Eso es lo único que importa. Que sea un sueño, que sea verdad o mentira da igual.
-¿Y qué vamos a hacer?
-Vas a seguir soñando…

Continuará…

Hoy por fin he soñado con Rosario Dawson-Parte II

-Este tipo es El Mal –dijo Rosario Dawson.
-Así es.
Estábamos en casa, tumbados en el sofá, bajo el aire acondicionado a todo trapo, compartiendo una cerveza cuando apareció Pablo Motos en la TV. Rosario captó enseguida qué clase de basura cultural es capaz de producir la televisión comercial en éste lugar del planeta. Vimos las noticias y en cuanto apareció la aceptación de la nominación de Hillary Clinton como candidata a la presidencia de los Estados Unidos, Rosario sintió tristeza por todo lo que había luchado por Bernie Sanders. Yo le dije que con Hillary al menos se rompía el techo de cristal para las mujeres. Ella me recordó las políticas que Margaret Thatcher implementó en Gran Bretaña y los dos estuvimos de acuerdo en que romper aquel techo de cristal había sido un desastre en términos sociales. Rosario decía que Hillary es puro status quo y que Bernie representaba todo lo contrario: una revolución. Le traje una segunda cerveza y tras dar un largo trago me dijo:
-La ruptura de los techos de cristal sirven sólo para las estadísticas. ¿Es mejor el mundo después de ocho años de Obama?
-No –le dije.
-El mundo es infinitamente peor… aunque no sabemos cómo habría sido si no hubiera ganado él las dos veces –dijo Rosario.
-Pero, ¿crees que es culpa suya que el mundo haya ido a peor?
-No lo sé. Pero, ¿qué le han dejado hacer? O quizás la pregunta exacta sea: ¿cómo lo han inducido, sugestionado y presionado para que dejase de intentar cambiar ciertas cosas? –preguntó Rosario con exactitud.
Entonces, Rosario y yo entablamos una discusión en la que coincidimos que el Presidente de los Estados Unidos bien pocas cosas podía hacer para mejorar la vida de la gente, y que eran los lobbys de poder, los poderes fácticos y las grandes corporaciones los que marcaban el pulso de la agenda. Finalmente nos dimos cuenta que en un mundo que globaliza el sistema de mercado, diluye la soberanía popular y ante la pregunta de qué sentido tiene que gobierne uno u otro, o que se rompan determinados techos de cristal los dos asumimos que lo único que se puede hacer es tratar de transformar la realidad a través de la cultura.

Tenemos que matar a Pablo Motos –le he dicho a Rosario en un arrebato de clarividencia. Entonces se calló. Se giró hacia mí con los ojos encendidos. Asintió, dijo que sí… y me besó.

Continuará…

Hoy por fin he soñado con Rosario Dawson-Parte I

Bajamos por Passeig Sant Joan y ella tomaba un helado de limón. Caminábamos sin decirnos nada como si ya nos hubiéramos dicho muchas cosas. Ella parecía interesada en mí y yo me sentía afortunado porque hubiera vuelto a mis sueños.

Cuando llegamos a Arc del triomf ella se mostró extrañada: “pensaba que esto estaba en Paris” dijo. Entonces yo le expliqué que sí, que hay un arco del triunfo en París pero el que de verdad mola es el de Barcelona, porque está rodeado de librerías frikis y a diferencia de otros que celebran victorias militares, l’Arc del Triomf de Barcelona se diferencia de los demás por ser un monumento al progreso artístico, científico y económico. Le estaba explicando que se construyó como entrada principal a la Exposición Universal de Barcelona de 1888, cuando empecé a notar su decepción.
-¿Qué pasa? –le pregunté.
-Me gustas de verdad, Enric; es sólo que no soporto eso…
-¿El qué? ¿Qué es lo que no soportas?
-El mansplaining.
-Pero si sólo te lo estaba contando –dije, tratando de defenderme-. Simplemente has preguntado confundiendo un Arc del triomf por otro, no quería…
-No es la explicación. Es el tono condescendiente del mansplaining.
-¿Es mi tono condescendiente lo que te ha molestado?
-No, es el tono condescendiente hacia mí, como mujer. Eso es el mansplaining.
-Pero no era un tono condescendiente hacia ti por ser mujer. Es mi tono condescendiente normal… yo hablo así en sueños, de siempre.
-Mm, Enric no sé si esto va a funcionar –dijo después de guardar silencio durante un buen rato.
A sus palabras le siguió otro largo silencio de decepción. No sé cuánto tiempo estuvimos así, porque el tiempo en los sueños es relativamente extraño. Entonces me acerqué a un señor que pasaba con prisa y cogiéndole del brazo le he detenido.
-Un momento, ¿sabía usted que este Arc del triomf es el mejor arco de triunfo del mundo mundial?
-Ah, no, no tenía ni idea, ¿por qué?
Le he explicado al señor, que tenía muchísima prisa, toda la historia de l’Arc del triomf. Cada veinte segundos el hombre resoplaba, miraba el reloj, se ponía de lado para marcharse, pero yo seguía ahí explicándole con toda la capacidad de condescendencia de la que soy capaz. Rosario me ha mirado y se ha echado a reír. Entonces, y sólo entonces, he dejado que el señor se marchara.
-Pirado de los cojones, ¿qué coño me importa a mí el Arc del triomf? –se ha ido maldiciendo el señor a toda prisa.
-¿Ves? No es mansplaining, es mi forma natural de explicar las cosas.
-Ya lo veo. La condescendencia denota autoestima: y eso está bien. Pero aún así, no sé…
-Rosario, puedo cambiar, soy un agente del cambio.
-Veremos…

Continuará…

Lo que hacían mis ex-suegros

Hacía siglos que no veía a Eli. Cuando Knut era mi novio, ella salía con Kasper, su hermano dos años menor. Los Ostberg eran los noruegos altos, rubios y saludables de los apartamentos, en una época en la que los noruegos altos, rubios y saludables eran seres de otro planeta. Hubo una pelea de gatas en cuanto pisaron la urbanización, y Eli y yo salimos vencedoras.

Cuando quince años más tarde nos reencontramos, parecía que nuestra amistad de cuñadas pertenecía a una vida anterior. Nos sirvieron la primera copa de vino  y recordamos anécdotas, bromas, y chistes de los tres veranos que salimos con los hermanos Ostberg. Eli estuvo a punto de marcharse a vivir a Bergen, pero en el último momento ella o Kasper se lo pensó dos veces y se echó atrás. Eli ya no recordaba quién de los dos había sido, sólo que hubo muchas lágrimas y alguna palabra gruesa. Hablamos de lo raros que son los noruegos, o al menos, lo raros que eran los Ostberg.

Knut, le dije, tenía ataques de ira y bebía mucho, demasiado para tener apenas veinte años. Kasper tenía problemas de memoria, me dijo Eli. Se le olvidaba todo continuamente: “a veces comíamos y cenábamos pizza porque se había olvidado de que habíamos comido pizza; cada vez que me llamaba babe yo tenía la sospecha de que era porque había olvidado de mi nombre; en ocasiones me pasaba media hora esperándole y al final tenía que ir a su casa a buscarle, en cuanto me veía se llevaba las manos a la cabeza diciendo: ¿habíamos quedado?”

-Sí, eran muy raros -dije yo.

-Pero no me extraña, claro…

-¿Qué quieres decir?

-De tal palo tal astilla…

Hubo un silencio valorativo. Las dos pensamos en los Ostberg: en el señor y la señora Ostberg. Cuando estábamos terminando la botella de vino, Eli se arrancó a explicarme lo que le había pasado un día del tercer Agosto: «Kasper y yo habíamos bajado a la playa, pero se había olvidado la crema solar. Kasper estaba de mal humor y se quedó tumbado en la toalla; yo tuve que volver a su apartamento para coger la crema solar. Primero llamé al timbre pero sus padres no me abrieron, golpeé con los nudillos y finalmente tuve que abrir la puerta con las llaves de Kasper».

«Entré de golpe pensando que no había nadie. En cuanto crucé el salón los vi: el señor Ostberg de espaldas, en cuclillas sobre un cojín en el suelo, y la señora Ostberg tumbada en el sofá, con las piernas completamente abiertas, en una situación, bueno, ya te imaginas qué situación… Estuve tentada de volver sobre mis pasos, pero no sé por qué, crucé el salón sin hacer apenas ruido. Entré en el cuarto deseando que no se hubieran percatado de mi presencia. Estaba roja como un tomate y con cierto sentimiento de culpa por haber invadido su privacidad. Recogí la crema solar, la metí en la bolsa, respiré hondo y volví sobre mis pasos, cruzando de nuevo el salón vigilando cada paso, tratando de no hacer ruido y llegar a la puerta principal en absoluto silencio».

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«Pero entonces, el señor Ostberg levantó la mano y me saludó, con una sonrisa de oreja a oreja diciéndome: hasta luego. Me giré y allí los vi: el señor Ostberg incorporado en el sofá detrás de la señora Ostberg quien le daba la espalda, aunque en realidad lo que le daba era el culo, frotándose como dos perritos. Intenté decir algo pero me quedé muda. La señora Ostberg alzó la cabeza y con una sonrisa de otro planeta me dijo: ¿vendréis a comer, no? Y yo, quieta de pie, me quedé mirándoles, mientras ellos seguían a lo suyo, sin parar en ningún momento. La señora Ostbgerg me repitió la pregunta: ¿vendréis a comer? Y el señor Ostberg apostilló:

-Haré pasta. Al dente, como te gusta -dijo sin dejar de bombear ni un solo instante. Después me guiñó un ojo. Les dije que sí, que iríamos a comer, mientras ellos seguían a lo suyo sonrientes. Volví sobre mis pasos y me marché de allí sin mirar atrás».

Me quedé mirando a Eli en silencio, como si de repente todo tuviera sentido. Bebí un largo trago de la copa de vino y le dije:

-¿Sabes una cosa, Eli? Eso mismo me pasó a mí.

Hoy he soñado…

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-25 de julio:

Hoy he soñado con un laberinto.

Era un laberinto formado por varios laberintos. Era boscoso y juguetón como el laberinto de «La huella»; musical y ochentero como el de «Dentro del Laberinto»; terrorífico como el de «El Resplandor»; pero sobre todo se parecía a la biblioteca laberíntica de «El nombre de la Rosa». Siempre me fascinó que uno se pudiera perder entre tanto conocimiento, entre tanto libro. Era una metáfora clara y contundente: no siempre la verdad te hace libre.

Hay una escena (tanto en el libro como en la película) en que Guillermo de Baskerville y Adso intentan encontrar la salida de la biblioteca. Guillermo trata de recordar la solución teórica a la salida de un laberinto, una formulación que había leído alguna vez en alguno de sus amados libros. Adso le interrumpe con una formulación práctica: desde que entraron en la biblioteca-laberinto ha deshecho un ovillo de lana. Sólo tienen que tirar del cordel para volver sobre sus pasos y encontrar la salida.
-Muy bien muchacho -le responde Guillermo satisfecho- tu educación clásica nos viene de perlas.

A veces buscamos soluciones teóricas, cuando en realidad necesitamos soluciones prácticas. Y la solución práctica cuando sueñas con un laberinto es reconocer que estás perdido.

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-26 de julio: 

Hoy he soñado con una habitación de hotel.

Subía una a una las diecisiete plantas del edificio y en todas comprobaba que el ascensor no funcionaba. Al llegar a mi habitación la puerta estaba sospechosamente abierta y he tenido la sensación de un peligro inminente. Todo estaba por en medio y la mi maleta había sido registrada. Desenfundé mi pistola con silenciador en cuanto llamaron a la puerta: era el servicio de habitaciones que me traían una cena que no había pedido.

De repente, una ventana se abrió y mi nueva novela salió disparada volando… pero antes de desperdigarse por la ventana, cogí todos y cada uno de los folios, en una maniobra arriesgada que casi me hizo caer desde una gran altura.

Agarré los papeles, producto de mi último año de trabajo y me los llevé al pecho. Pensé que, como el sueño, quizás era una obra demasiado compleja y confusa, y que abordaba demasiados temas porque así son los tiempos que nos ha tocado vivir…

Con la ventana abierta de par en par y la brisa golpeándome en la cara, he pensado que mi próximo libro será más sencillo, y he pensado también, que no lo expondré a las alturas de una habitación de hotel en la planta diecisiete.

-27 de julio: 

Hoy he olvidado lo que he soñado.

Cuando me he despertado, todavía tenía el sueño fresco atrapado en mí. Recuerdo haber pensado: «qué bonito, qué ganas de escribirlo y compartirlo». Rápidamente, me han venido a la cabeza todas y cada una de las obligaciones que tenía en el día de hoy, como si fueran las gotas constantes de una lluvia de verano. Me he levantado de un salto y he desayunado; me he duchado, me he vestido, he rellenado de pienso el cuenco de Mia, he leído un par de artículos y de posts; y cuando por fin he querido compartir el sueño me he dado cuenta de que me había olvidado de anotar lo que ocurría en él. Y el sueño ya no era fresco ni lo tenía atrapado en mí.

Los sueños son así, de una impresión tan real y vívida que uno parece que puede seguir viviendo en ellos para siempre, pero a medida que la realidad avanza con su peso implacable hacen que poco a poco se disuelvan hasta que uno termina por olvidarse de ellos.

No sé qué es lo que ocurría en mi sueño, sólo sé que era algo bonito que ha caído en un inevitable y eterno olvido…

 

-28 de julio:

Hoy me he despertado con Cocaine Blues.

Como cada mañana los primeros versos de Cocaine blues de Johny Cash me han despertado: «Early one mornin’ while makin’ the rounds, I took a shot of cocaine and I shot my woman down». Es la canción que ahora tengo en el despertador.

Cada cierto tiempo voy cambiándola por dos motivos: el primero y fundamental para no terminar odiando una canción determinada; y el segundo, para que la canción escogida me dé la clase de estímulo que necesito para levantarme de la cama. Johny Cash es una opción segura.

Ayer terminé a las diez de la noche un trabajo que me ha tenido ocupado durante las últimas semanas y empiezo oficialmente unas semi-vacaciones, porque todavía tengo trabajo en otro sitio, aunque un poco más relajado.

Sin embargo, se me olvidó quitar la alarma del despertador. Me pregunto el porqué. Quizás Johny Cash tenga la respuesta a tantos olvidos voluntarios.

-29 de julio:

Hoy he soñado con otra.

Sí, Rosario. Otra que no eras tú ha venido a mis sueños y se ha metido en mi cama después de cenar, o bailar, o beber… o yo que sé, se me ha olvidado. Quizás porque fuera poco interesante, quizás porque lo que hicimos después sí lo fue. No sé si me explico, Rosario. No quiero ser esa clase de hombres que dan ultimátums del tipo: si no ocupas tu lugar en mis sueños, otra lo hará; aunque esta noche, otra lo ha hecho.

Y sí, ha estado bien, para qué nos vamos a engañar, porque en mis sueños siempre está bien, sólo faltaría. Pero si te soy sincero preferiría que hubieras sido tú, que juntos nos lo hubiéramos pasado muy bien, y que después de hacer el amor hubiéramos hablado como hablan los amantes en la cama sobre las cosas que hablan los amantes: Bernie Sanders, el cine, y la cantidad de hijos que queremos tener juntos.

Para mí, Rosario, lo de esta noche no ha significado nada, seguro que has aparecido en sueños de otros hombres y no por ello me cortaré las venas, los dos somos adultos.

Sigo esperándote en mis sueños, querida Rosario. No tardes…

*Cada mañana publico un sueño en mi facebook.

Farsantes

Todo empezó con una inocente invitación:

-¿Por qué no intercambiamos casas?, ¿un «finde» vosotros venís a San Sebastián y otro «finde» nosotros vamos a Barcelona? –propuso Patricia.

A Ruth y a mí nos pareció una idea estupenda. San Sebastián era una ciudad que nos gustaba mucho y no la habíamos visitado desde antes de casarnos. Decidimos ir en el puente de la constitución aprovechando que Mikel y Patricia se marchaban unos días fuera a practicar senderismo: “Mikel es un loco de las caminatas” decía Patricia. Todo estaba arreglado: tendríamos la casa para nosotros solos, durante cuatro días, a coste cero.

Sin embargo, cuando llegamos a San Sebastián, nos encontramos con un problema: en un mal paso de una de sus caminatas, Mikel casi se había roto un ligamento; tenía un esguince de grado tres en la rodilla. Cojeaba ostensiblemente y apenas podía caminar. No sólo no podía hacer la ruta que tenían planificada sino que se veía obligado a guardar reposo hasta que supiera si necesitaría cirugía. Todos nuestros planes se fueron al traste.

La primera noche la pasamos en su casa. A primera hora de la mañana me desperté y fui al lavabo, pero antes, un ruido procedente de la cocina me hizo acercarme. Me encontré a Mikel silbando una alegre melodía mientras preparaba el desayuno, al tiempo que bailaba contoneando sus brazos y sobre todo, moviendo sus piernas, marcando los pasos con sus pies a una velocidad latina. No había rastro de su cojera. Me quedé clavado en el quicio de la puerta tratando de asimilar lo que estaba viendo durante un buen rato. Finalmente, dejé de oír su silbido y sus piernas y sus pies se quedaron quietos; Mikel se había percatado de mi presencia. Los dos nos quedamos mirándonos el uno al otro sin saber qué decir en un denso silencio que duró casi dos minutos.

-Estoy haciendo café, ¿quieres? –me preguntó después de un buen rato.

-Sí, por favor –acerté a decir, después de salir del trance-. Voy al lavabo un momento.

-Muy bien.

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El resto del día, Mikel siguió con su cojera y yo no dije nada. Mi mujer y yo sopesamos la idea de quedarnos con ellos en su casa el resto del fin de semana, pero a los dos nos apetecía estar solos, y Ruth tampoco quería molestarles. Casi de milagro conseguimos una habitación de hotel, en el puente de la constitución en San Sebastián, sin reserva, lo que nos costó una pequeña fortuna.

Cuando meses más tarde, Patricia le preguntó a mi mujer si nos iba bien que les prestáramos la casa el puente del 1 de mayo yo me mostré bastante reacio. Ruth no entendía el porqué. Después de darle muchas vueltas me vi obligado a explicarle lo que había visto. Mi mujer no daba crédito, no se podía creer que nos hubieran mentido así, que nos obligaran a marcharnos a un hotel; y que además quisieran que cumpliéramos con la palabra dada de prestarles nuestro piso. Ruth volvió a preguntar para estar completamente segura:

-Pero, ¿qué es lo que viste, exactamente?

-Vi a Mikel bailando bachata.

-Qué hijo de puta -dijo Ruth.

No sabíamos qué hacer. No teníamos ningunas ganas de dejarles el piso, pero me parecía ruin decirles que no y enfrentarnos llamando mentiroso a un tipo al que apenas conocíamos y con el que no queríamos estar enemistados. Sin embargo, ni Ruth ni yo, queríamos dejarles la casa.

Así que Ruth ideó un plan. Cuando llegaron, nosotros ya teníamos las maletas preparadas, habíamos planeado un viaje relámpago a Amsterdam con la intención de visitar a la hermana de mi mujer. Les recibimos y les explicamos cómo funcionaba todo: el horno, la vitro, la caldera, los diferenciales de la luz, y sobre todo que no se preocuparan del pienso de los gatos, les habíamos llenado sus cuencos hasta los topes y tenían la arena recién cambiada.

-¿Cómo los gatos? –preguntaron los dos completamente lívidos.

-Sí, Trotsky, Lenin y Stalin. Nuestros tres gatos.

-No sabíamos que teníais gatos.

-Ni que fuerais comunistas –dijo Patricia con un hilo de voz.

-Sí, desde siempre –mentimos a las dos cosas.

-Es que Mikel tiene alergia a los gatos –dijo Patricia.

-¿No me digas? –dijo mi mujer haciéndose la sorprendida, como si Patricia nunca se lo hubiera explicado, como si no tuviera un excel mental con este tipo de información que todos los demás olvidamos al instante-. Vaya, pues no tenía ni idea…

Entonces, Mikel estornudó, una, dos, y tres veces seguidas. Patricia se dio cuenta de que no podían pasar ni un minuto más en aquella casa. Buscaron un hotel por internet, mientras nosotros fingíamos una enorme decepción. Entonces, Trotsky el gato más pequeño de los tres que nos había prestado la vecina del 5º, 1ª apareció en el salón a escudriñarnos.Mikel tenía los ojos rojos y vidriosos cuando Trostky se acercó directo hacia él: acariciando y refregando su lomo contra la pierna que Mikel fingió lesionarse. 

Fue un momento de justicia poética que me hizo sonreír.

Hoy he soñado…

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-18 de julio:

Hoy he soñado con una ex-amante.

Hace mucho que no la veo, aunque en su instagram parece que le van bien las cosas y es feliz. En el sueño compartíamos la clase de intimidad que se comparte cuando dos personas acaban de hacer el amor. Ella me preguntaba cómo estaba y qué había sido de mí todo este tiempo. Yo la ponía al día, y cuando le estaba explicando los últimos meses de mi vida, ella me interrumpió:
-Pero si tú siempre has estado mal -dijo riéndose-. Siempre has sido un chico felizmente cabreado contigo mismo y con el mundo.
-Puede que tengas razón -le contestaba lacónico, como si lo que acabara de decirme no lo hubiera pensado nunca antes.
-Mira Enric, no sabes cómo me alegro que te hayan dejado -decía entusiasmada.
Se hizo un enorme silencio, no entendía lo que quería decir, ni su entusiasmo, ni tampoco su falta de empatía.
Entonces, añadió:

-Tienes que verlo como una gran oportunidad: ¿Te das cuenta del montón de cosas bonitas que vas a ser capaz de escribir ahora?

-19 de julio: 

Hoy he soñado con Lebron James.

Estaba entrenando, haciendo tiros y entradas a canasta. De repente ha hecho un mate y ha caído a unos pocos centímetros de mis pies donde estaba estirado en una tumbona. Me he levantado y le he dicho:
-Eh, Lebron, tío, ve con cuidado…
Y el muy capullo, me ha dicho que me joda.
-¿Cómo que me joda? Pero si casi me rompes una pierna.
-Estoy entrenando, tío, estoy trabajando duro para ser el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos.
-Y yo lo respeto, tío. Pero yo estaba aquí antes… si me pides permiso me muevo un poco para que puedas hacer tus mates.
-Que te jodan, yo soy el rey, no necesito pedir permiso -me ha dicho dándome la espalda y haciendo botar el balón contra el suelo con golpes secos, violentos y veloces para después volver a sus manos como si tuviera un imán.
-Me largo tío -le he dicho levantándome de la tumbona. Puede que seas el Rey, pero que sepas que nunca serás como Jordan.

Mientras me marchaba le he visto con los ojos húmedos. He hecho llorar a Lebron James, tío; el Rey ha vertido lágrimas de derrota.

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-20 de julio: 

Hoy NO he soñado con Rosario Dawson.

Durante el día me prometí no volver a soñar despierto con ella. La última vez que nos vimos, me dijo que volveríamos a vernos en sueños y quería ser leal a su invitación. Pero de eso ya hace unos cuantos días y Rosario no ha vuelto a aparecer…

Con el objetivo de sugestionar mi subconsciente facilitando que Rosario vuelva a aparecer en mis sueños -y podamos culminar nuestra cita- voy a repasar toda su filmografía. Hay algunas películas que me gustaría volver a ver: Kids, Clerks II, He Got Game, La última noche, Seven Pounds, Sin City, Death Proof, Cautivos…

Antes de terminar esta entrada me he puesto a soñar despierto otra vez con ella, y me he hecho una pregunta: de todas las Rosarios Dawson de todas esas películas, ¿con cuál me gustaría soñar la próxima vez?

Ay, no tengo una sola y única respuesta…

-21 de julio:

Hoy he soñado con Marta Fernández.

A Marta no la conocéis, pero muchos me conocéis gracias a Marta. Ella era la responsable de prensa de Reservoir Books y la que me hacía llegar bien (sobrio y a la hora) a los sitios.

En el sueño, Marta y yo discutíamos acerca del sentido que tienen ahora las presentaciones de libros. Ella decía que todavía son importantes porque tienen algo de ceremonial, de presentación en sociedad. Yo argumentaba que las presentaciones de libros van claramente a la baja porque el formato no se presta a que la gente salga de casa: «gente hablando sobre un libro que los demás todavía no han leído es como un acto de reivindicación exhibicionista del yo llegué primero; si no hay show, la gente prefiere quedarse en el sofá o ir a hacer crossfit en el gimnasio, por muy intelectual que uno se venda en facebook».
-Entonces, ¿qué propones? -me preguntaba Marta.
-No sé, montar un circo, bailes, fiestas, epatar: ¡quemar libros de otros autores!
-¿Cómo que quemar libros de otros autores? -me preguntaba Marta indignada.
-Pero de otras editoriales, no de la nuestra. Piénsalo, en realidad todo el nazismo habría sido una gran presentación del Mein Kampf. A él le funcionó.

-22 de julio:

Hoy he soñado que estaba siendo observado mientras dormía.

Estaba profundamente dormido pero un ruido me ha desvelado. A medio camino entre el sueño y la vigilia, he levantado la cabeza de la almohada y he visto una figura en el quicio de la puerta, oculta en la penumbra.
Ha sido una sensación vívida, he notado su presencia real ahí mismo, a escasos metros de mí. Su respiración era tranquila y su mirada fija en mí. No he podido distinguir si era un hombre o una mujer. Simplemente estaba de pie, en silencio, observándome. Mi cansancio me ha impedido levantarme, y ni si quiera he sido capaz de pronunciar una sola palabra.

Quería saber por qué estaba ahí y cuál era su propósito: ¿esperar a que me quedara completamente dormido para matarme?, ¿observar con placer de voyeur mi forma de dormir?, ¿robarme los sueños mientras no pudiera hacer nada para impedirlo?

Al rato, me he despertado. Me he tomado un café y todavía me pregunto éstas cosas y sobre todo: su identidad…

*Cada mañana publico un sueño en mi facebook.

A los siete años descubrí que los adultos tienen el alma podrida

Fue en casa de mis padres, en una paella con sus amigos. Yo era fan de Bárbara, la mejor amiga de mamá. Fumaba, bebía y reía sin parar, decía muchas cosas todo el tiempo a una velocidad vertiginosa y todo el mundo la admiraba. Pero de vez en cuando también se quedaba en silencio y era en esos momentos en que me miraba fijamente que yo sentía que podía mirar dentro de mí, y creo de verdad que siempre tuvo ese poder. Siempre que me decía “Nina, tú eres más parecida a mí que a tu madre” me daba un vuelco el corazón, porque había una parte de mí que quería que fuera así y otra parte que se sentía culpable, como si fuera desleal con mamá.

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Cuando algunos tomaban el aperitivo y papá empezó a preparar la paella, Diego, un chico con el pelo largo y mucha barba y que era muy fuerte (podía levantarme un palmo del suelo con un solo brazo), empezó a vociferar y a quejarse qué estábamos haciendo.

-¿Y el pollo?, ¿y el conejo?, ¿dónde coño está la carne en esta paella?

-No hay carne en esta paella –dijo Bárbara.

Yo no entendía exactamente lo que estaba pasando pero noté que había una tensión muy rara, una tensión impropia de un domingo. Todos los adultos bajaron la cabeza o miraron para otro lado fingiendo hacer otras cosas, guardando silencio y tratando de no hacer el más mínimo ruido. Mamá me cogió y me dijo con buen tono pero en voz baja que fuéramos para adentro, pero yo no quería, no sabía qué estaba pasando, pero sabía que no quería perdérmelo.

-Si no hay carne no hay paella. Eso es así –dijo Diego.

-Eso es así, ¿por qué?, ¿porque lo dices tú? –contestó Bárbara poniendo sus brazos en jarra y levantando el mentón.

-Sí, Bárbara, porque lo digo yo y porque la paella ha llevado pollo y conejo de toda la vida.

-Y claro, lo que se hace toda la vida se hará toda la vida.

-Eso es…

-Como sacrificar vírgenes al dios de turno, que también se ha hecho toda la vida.

-No me compares, no seas demagoga… Tú vales más que eso –dijo Diego con aire de superioridad.

-¿Tú has estado alguna vez en un matadero? ¿Sabes cómo sacrifican a los animales? ¿Sabes que la cadena alimenticia no sólo sirve para alimentarnos sino que sirve para perpetuar un sistema contra el que dices luchar? ¿Matar más para vender más? –le dijo Bárbara sin esperar respuesta-. Recuerdo a un Diego que me hablaba de praxis. De que aquello que piensas, de que aquello que sientes debe estar en armonía con aquello que haces.

-No mezcles una cosa con otra…

-Ese es el problema Diego, que todo está mezclado y tú nunca has querido verlo –dijo Bárbara.

-Las cosas no son blancas o negras -se defendió Diego.

-No, nunca lo son. Pero hay veces en que hay que tomar partido, ¿recuerdas? Tú tomaste partido… y la elegiste a ella. No pasa nada, no hay ningún problema, todos somos adultos. Pero hoy aquí también hay que tomar partido: por eso nos vamos a comer una buena paella vegetariana –dijo Bárbara dándose la vuelta y dando por terminada la discusión.

Diego quiso replicar, pero calló y se hizo un silencio. Se terminó la cerveza y anduvo hacia la piscina, mojó sus pies y tras pensárselo muy poco se lanzó y se puso a nadar un largo tras otro.

Bárbara me guiñó un ojo y me cogió de la mano al tiempo que me decía: ¿quieres una limonada?

Yo le dije que sí y entramos las dos en el interior de la casa. Desde dentro se oía el bullicio: todos habían vuelto a hablar, a reír y a divertirse. En el silencio de la casa, los oíamos pasárselo bien. Bárbara me miró y me dijo: “en realidad, Diego no es mal tipo, es muy fuerte, sabe bailar y besa muy bien… pero hay veces en que a un hombre hay que decirle lo que no quiere oír delante de todo el mundo, ¿lo entiendes, Nina?

-Sí –dije sin entenderlo.

Bárbara sacó la limonada fría de la nevera y empezó a abrir todas las puertas de los muebles buscando los vasos. Sin embargo, abrió el armario de la despensa y se quedó maravillada de lo que allí encontró.

De repente, buscó entre los cajones y sacó un enorme cuchillo. Volvió a la despensa y empezó a cortar unas finas lonchas de jamón de la pata jamonera de papá. Luego se lo llevó a la boca y cerró los ojos al devorarlo con placer. Me llenó el vaso de limonada y me preguntó:

-¿Quieres un poco de jamón?

Le dije que sí con un gesto de la cabeza. Estuvimos las dos comiendo jamón a escondidas un buen rato.

Mirándola con aquella sonrisa de triunfo y placer en la cara pensé que sí, que en realidad me parecía más a ella que a mi propia madre.

Sueños-IV

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-11 de julio:

Hoy he dormido en Benicàssim.

Dormir es una interrupción física, emocional y mental de la realidad. Soñar es construir una alternativa a la realidad. Aunque la propia realidad no exista. Sólo existe nuestra percepción de la realidad y de los sitios, es nuestra percepción la que hace que existan.

Y la percepción de los lugares siempre está contaminada por aquello que llevamos dentro. Benicàssim ahora es distinto. Estos días he notado muy presentes el Benicàssim en el que todo empezó, el Benicàssim en el que todo se desmoronó y sobre todo el Benicàssim que nunca será.

Me marcho de Benicàssim deseando que la próxima vez que vuelva mi percepción sea distinta. Tardaré mucho tiempo en volver a dormir en este lugar.

Ya no sueño con él.

-12 de julio: 

Hoy he soñado con instagram.

Estaba haciendo scroll en la app de mi smartphone, regalando corazones y repartiendo autoestima, cuando he visto la foto de una cala. En cuanto he mirado por encima de la pantalla, me he dado cuenta de la casualidad: la cala de la foto de instagram era la misma cala en la que me encontraba; aún sin su filtro Mayfair, era totalmente reconocible.

Me he acercado a los bañistas que habían colgado la foto y les he saludado explicándoles la casualidad. Lejos de hacerles la más mínima gracia, me han respondido de muy malas maneras: «pero qué hace usted en esta cala, lárguese de aquí, pero quién se ha creído que es invadiendo nuestra privacidad».

Cabizbajo, he dado la vuelta y me he marchado de su cala Mayfair. He cogido mi smartphone, he abierto la app de instagram y en un acto de venganza terrible he eliminado mi corazón de su foto.

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-13 de julio: 

Hoy he soñado con un grupo de terapia de villanos.

Estábamos unos cuantos allí sentados y Bryan Cranston nos iba dando la palabra por turnos. El Joker se ha levantado y entre risas nos ha explicado su caso: Jake Gyllenhaal le sodomizó en un camping, por ese motivo se vengó asesinando a su hermana. Entonces me he dado cuenta de que The Dark Knight es en realidad una secuela de Brokeback Mountain.
Después Cranston le ha preguntado a José Maria Aznar cómo se encontraba.
-I am fine -ha dicho después de buscar un buen rato las palabras en su cabeza-. I’ve ben running for one hour… and now I feel full energetic.
-«And now I feel full of energy» -le ha corregido Cranston.
A Aznar no le ha gustado nada que le corrigieran y le ha fulminado con la mirada. Finalmente ha cedido y lo ha repetido bien con su maravilloso acento:
-And now I feel full of energy.
-You are totally full of shit -le he soltado en voz baja.
Cuando Cranston se ha dirigido a mí y me ha preguntado cuál era el motivo por el que me encontraba en aquel grupo de terapia de villanos, le he respondido:
-La verdad es que no lo sé, pero seguro que algo habré hecho.

-14 de julio:

Hoy he soñado con un menú infantil.

De primero spaghettis turgentes a la boloñesa, con su carne magra y mucho, mucho queso rallado. De segundo pollo rebozado con patatas fritas. Y de postre me daban a elegir entre un helado de vainilla y chocolate en tarrina de comunión de los años ochenta, un pijama (amigos, ¡un pijama!) y un banana split.

¡Y yo me pedía los tres! ¡¡¡Los tres!!!

Sentía que estaba en el cielo de los gordis, cuando he empezado a oír una voz con acento sureño gritando: «Dead man walking, dead man walking…»

Entonces he entendido que era mi última cena e iba a ir directo al infierno… por pecado de gula infantil.

 -15 de julio:

Hoy he soñado despierto.

Rosario Dawson llamaba al timbre de casa y me preguntaba:
-¿Está Enric? ¿Puede bajar a jugar?
Yo bajaba corriendo y Rosario me invitaba a cenar. Durante la cena yo hacía burradas y bromas y ella las reía todas poniéndome ojitos. Hacíamos una competición para ver quién era capaz de comerse más tacos y Rosario me dejaba ganar porque sabe que soy muy competitivo.
Salíamos a la noche barcelonesa y no hacía calor. Bailábamos un rato una coreografía que pasaría a la historia del cine y, cansados y entre risas, volvíamos al portal de casa.
Entonces, ella me preguntaba si la invitaba a subir, a tomar la última…
-Mejor que no -le he respondido.
-¿Por qué no? -me ha preguntado sorprendida.
-Si tiene que ocurrir -le he explicado-, que ocurra en un sueño-sueño, no en un sueño soñado estando despierto. Me parece poco ético, ¿no crees?
Ella ha sonreído, me ha dado un abrazo y un beso largo en la mejilla. Mientras se marchaba, y dándome la espalda me ha dicho:
-¡Espero que nos veamos pronto, Enric… en tus sueños!

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*Cada mañana publico un sueño en mi facebook.

La noche que me encontré con Monstruo Espagueti

La primera vez que vi a Monstruo Espagueti me pareció una colgada. Dicen que la primera impresión es la que cuenta y en este caso fue así: acerté.

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http://monstruoespagueti.com/

Fue en la presentación en Madrid del libro La vida es corta y luego te mueres que escribí en colaboración con Lyona. Yo no la conocía de nada, ni tampoco había leído nada suyo. Se acercó a regalarnos su libro con una actitud quizás «demasiado entusiasta». Nos dijo que lo que hacíamos tenía cierta similitud de tono y que era posible que nos gustara. Como soy medio catalán de adopción y sé los pocos libros que en las editoriales entregan a los autores pensé que quizás aquel regalo era un dispendio excesivo, pero no le dije nada y lo acepté.

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El caso es que devoré su libro de una tacada en el Ave a Barcelona. Al terminarlo, Anastasia ya no sólo me pareció una colgada, sino que me pareció una colgada brillante y extraordinariamente talentosa. Poco a poco, empecé a seguirla por sus redes sociales dónde cuelga sus historias, dibujos e ideas, y empezó a ocurrir algo que me ocurre muy pocas pocas veces: Monstruo Espagueti siempre daba en el clavo con un pensamiento o una idea acerca de un tema -que yo sabía que tenía dentro- pero que habría sido incapaz de expresar de una forma tan genial, original, divertida e irreverente.

Cuando encuentras a una artista así, que te da incluso hasta un poco de rabia por lo buena que es la hija de puta,no puedes más que seguirla, darle Me gustas, RT y corazones, y compartir todo lo que hace todo el rato.

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La noche que me encontré con Monstruo Espagueti había salido a cenar con unos amigos por el Raval. La vi en la calle Joaquim Costa y me acerqué a ella con quizás «excesivo entusiasmo». De manera atropellada le dije que me encantaba lo que hacía y que me alegraba mucho de que le fueran bien las cosas y añadí: «soy un huge fan» (sí, lo dije así). Noté que la abordé un poco demasiado alterado, casi como si fuera un poco la clase de fan que interpreta Kathy Bates en Misery. Noté su incomodidad cuando farfulló algo así como: “ya, esto es lo que suele pasar en las redes sociales”.

Me sentí un poco bobo, porque sé que pensó: «mira este tío, menudo colgado».

Después estuve reflexionando acerca de todo esto. Sigo a Monstruo Espagueti desde hace ya casi dos años y lo hago desde casa, en pijama, desde mi Macbook Pro, desde mi smartphone, en la intimidad de mi hogar… Es decir, para mí, lo que cuelga Anastasia en sus redes es importante, es bonito, me hace feliz, cada día se cuela en mi vida, en mi rutina, pero ella eso no lo sabe… Porque las redes sociales creemos que son multidireccionales, pero algunas veces son bidireccionales y casi siempre son unidireccionales.

Pensé que tenía que escribir sobre ello. Sobre lo que significa para nosotros el trabajo de algunos artistas y lo muy cerca y muy lejos que estamos los unos de los otros. No sé si tengo una opinión sobre todo esto, pero creo que merece una reflexión.

Estoy esperando que la dibuje Anastasia, seguro que será brillante.

PD: Le escribí a Anastasia pidiéndole permiso para escribir este texto; y aquí tenéis su respuesta.

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