Scenes: Las doce pruebas de Astérix (Mannekempix)

Ésta es una de mis escenas favoritas, de una de mis pelis favoritas.

Me encanta ésta escena. Soy tan Obélix.

Ahora que soy un tipo asquerosamente atractivo, con un cuerpo esculpido a base de horas y horas de intenso ejercicio en el gimnasio, parece mentira que de pequeño fuera un niño gordito. Los niños gorditos son adorables. No hay nada más encantador que tener mofletes para que una tía o una abuela te agarren los carrillos con sus manos y te digan:

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“Éste niño cada día está más hermoso”.

Tú crees que hermoso es sinónimo de bonito, de guapo, de bueno. Pero esas señoras venerables te llamaban gordo a la cara. Ya no hay señoras como las de antes, que te llamaban cosas feas con tanto talento que te creías que te decían cosas bonitas.

Yo era un niño gordito y tengo dedos de niño ex-gordito, ergo tengo dedos hermosos.

Scenes: Beautiful Girls’ Pooh Bear

Es imprescindible empezar esta sección con esta escena.

Habla de todo lo bueno que hay en la vida: Shakespeare, el amor verdadero y Natalie Portman.

Los que habéis leído “Todas las chicas besan con los ojos cerrados” sabéis de qué hablo.

Los que no la habéis leído, ¡corred insensatos!

Esta escena hace que recuerde a esa primera novia que tuve en la guardería (no hagáis chistes fáciles con mi precocidad).

¿Vosotros no tuvisteis una? ¿Recordáis aquella sensación de que iba a ser para toda la vida? ¿Que era un amor puro y verdadero? Sin ningún tipo de egoismos entre dos personas que se querían y no tenían nada que perder, precisamente porque no tenían nada.

Esta escena siempre me recuerda esa sensación.

Natalie Portman siempre me recuerda a aquella primera novia a la que quise como a ninguna otra.

A la que quise como quieren los niños: incondicionalmente y para siempre.