En la cola del súper…

Estaba en la cola del súper con mis macarrones integrales y un pack de seis botellas de litro y medio de agua de Bezoya, cuando a la chica que había delante de mí le ha sonado el teléfono. Lo ha descolgado y ha respondido:
-Mamá, estoy conduciendo, ¿te puedo llamar?
Todos los que estábamos en la cola (un señor, otra chica y la cajera) nos hemos quedado mirando entre nosotros con una mezcla de superioridad moral y de sentimiento de pertenencia a un grupo (casi a una clase social: la de la gente que no miente NUNCA a su madre).
De todos nosotros, el más indignado era yo. He sentido la ira proveniente de la fe del converso, la de aquel que hace mucho tiempo -alguna vez- mintió a su madre, pero que en algún punto de su vida se reconvirtió. He tenido ganas de gritarle a la chica: “¿pero cómo te atreves?, ¿cómo eres tan miserable de mentir a tu madre, maldita desagradecida?”.

Lo que significa que estoy completamente rehabilitado.

Calcetín de ex desparejado

Calcetín de ex desparejado” es probablemente una obra cumbre.

El proyecto -largamente ambicionado por su autor, que ya dejó escrito en una entrevista años atrás las siguientes palabras proféticas: “sé que algún día monetizaré toda esta mierda”- es ejecutado en pleno proceso de maduración. Pertenece a su etapa más prolífica, que la crítica ha venido en llamar: “venganza”; aunque otros expertos también la han definido como “estar en la mierda”.

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“Calcetín de ex desparejado” es una obra compleja, llena de matices, casi poliédrica y con múltiples capas que interpela al espectador con preguntas sin respuesta: ¿es sólo un calcetín?, ¿es un calcetín robado a la ex antes de marcharse?, ¿es un calcetín olvidado?, ¿es un calcetín olvidado a propósito?, ¿es la exposición del calcetín una forma de superación?, ¿es la representación del calcetín una expresión de haber dejado atrás el pasado? O acaso, ¿es el calcetín desparejado un acto de profundo e íntimo dolor?

“Calcetín de ex desparejado” también parece decirnos: “sólo me queda esto de ti, una parte incompleta de lo que fuimos”; pero al mismo tiempo, nos damos cuenta de que el autor podría llamar por teléfono y decir: “no busques más, tengo tu calcetín desparejado, ¿quieres que te lo envíe por MRW?”
Sin embargo, huyendo de lo prosaico, el autor decide subirlo a instagram. Es este un acto de belleza y madurez singular (muy original y transgresor en la vanguardia artística de la época) que expone el dolor íntimo de un calcetín que se sabe otra cosa, que ya ha pasado a ser algo distinto, un objeto inútil que ya ha dejado de significar lo que solía significar. Es en ese preciso instante cuando el calcetín deja de ser un calcetín de ex desparejado. Y muy probablemente, éste sea el significado último de la pieza: para el autor ya no hay nada en ese objeto que le recuerde a su ex, sino que que se convierte -bajo el influjo de su mirada creadora- en un ir más allá de la cosa, en un dejar atrás el ser calcetín, para convertirse en arte.

Nótese la ironía del uso del filtro Valencia, un filtro muy utilizado por los instagrammers y que al utilizarlo parece que el autor nos diga: “Ja, yo también soy capaz de hacer arte popular”.

La parodia, la política y la ficción

La noche de fin de año, TVE programó el especial de José Mota. El programa, lleno de humor blanco y generalista, se fundamentaba en una parodia de la clase política. A diferencia de lo que ocurre una vez a la semana en Polonia (TV3, televisión pública catalana), o cada día en El Intermedio (La Sexta, televisión privada generalista), los personajes políticos eran parodiados por su forma de hablar y no por su contenido. El espacio anual para la parodia que la televisión pública española cobija, es un espectáculo al servicio del talento de los guionistas y la gran capacidad de imitación de Mota. Pero también es superficial, e inane; es una parodia intrascendente que nace muerta porque no busca desnudar al personaje.

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El humor paródico antes se centraba en personajes famosos y conocidos por el gran público: toreros, cantantes, artistas, escritores, actores y, en los últimos tiempos, en deportistas. Hoy por hoy, la parodia se centra en los políticos. El motivo se fundamenta en que la parodia funciona como espejo distorsionador de la realidad para criticarla; por tanto, cuanta más gente conozca esa realidad, más gente podrá reír. Parece que hace siglos que los Muchachada empezaron a parodiar personajes menos populares, menos mainstream; buscando nuevos públicos, mediante un humor diferente. Entonces, encontraron un espacio en La 2 (cadena pública con coartada cultural).

Quizás los políticos son ahora los personajes culturales más conocidos por el público generalista, y por tanto los más parodiables. Pero, ¿sabemos más de política? ¿O simplemente estamos más expuestos a la información culebronesca con personajes, situaciones y giros inesperados de guión? ¿Sigue siendo la política un arma de transformación de la sociedad, o es un arma de ocupación de espacios de televisión? ¿Han cambiado estos espacios su forma de explicarnos la política? La narrativa seriada de estos programas imprime la sensación de que no puedes perderte el siguiente capítulo de la actualidad política. Los actores políticos se vuelven personajes pop de una ficción que los engulle en una dinámica en la que el espectador se ve obligado a tomar partido entre buenos y malos. La crítica televisiva dice que la ficción moderna presentaba personajes poliédricos llenos de grises y matices, reformulando el concepto del bien y del mal, de los buenos y los malos, como siglos atrás lo hizo la novela moderna. ¿Por qué ese atraso en la narrativa política y en su parodia?

Antes, la gente quedaba y hablaba de películas, de libros, de conciertos, del partido del sábado (cuando había fútbol una vez a la semana) y ahora, con el primer vermut ya están discutiendo como forofos no de política, no de contenidos, sino de sus personajes favoritos que intervienen en política.

El problema no es sólo que la política nos polarice defendiendo a los nuestros de los otros; el problema es que como ficción es muy pobre.

Hoy he soñado con un mundo diferente…

…pero era un mundo igual al nuestro.

Es decir, Trump había ganado las elecciones, HBO desembarcaba en España, el alquiler de los pisos en Barcelona seguía por las nubes y el IVA cultural seguía al 21%. Todo en ese mundo diferente era igual de asqueroso y repugnante que el nuestro. El capitalismo y la globalización habían arrasado con cualquier pensamiento disidente y la belleza y la fantasía eran tan sólo entradas en viejos diccionarios, palabras en desuso y carentes de significado. Todo era igual salvo una sola cosa: en las calles, en el metro, en el trabajo, la gente, unos a otros se rascaban la espalda.

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Cuando a un ciudadano se le veía agobiado, o sentía que su propia mano no le alcanzaba, otro ciudadano (completamente desconocido) se le acercaba y le rascaba la espalda, justo en el punto en que el primero le indicaba. Ese pequeño gesto de alivio tras un ligero hormigueo conseguía que, a pesar de que el mundo fuera la misma mierda, no picara tanto.

Hoy he soñado con Woody Allen, Louis CK y Haruki Murakami

Estábamos en Harlem, en la barbería de Pops (de Luke Cage). Charlábamos tranquilamente acerca de todo y de nada, mientras le cortaban el pelo a Woody Allen. Haruki Murakami, Louis CK y yo esperábamos nuestro turno. Entonces, Haruki (que es de lejos el que más chispa tiene) ha dicho que debíamos montar un club.

What kind of club? -ha preguntado Louis.

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I dont’t know -ha contestado Haruki-. You’re the funny guy -le ha dicho a Louis.

White jewish… -he empezado yo.

-…american rich men club? -ha continuado Louis.

Entonces,  Woody Allen ha asentido con la cabeza y casi se lleva un trasquilón.

Haruki ha empezado a protestar y Louis se ha dado cuenta de algo.

Shit! He is chinese -ha dicho Louis, señalando a Murakami.

Japanese, I am japanese -le ha rectificado el autor de 1Q84.

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-It’s not the fucking same? -ha dicho Louis.

-It’s the same for us -ha dicho Woody Allen.

-If I belong to this, it cannot be a rich men club -he dicho yo y ellos se han dado cuenta de que si yo estaba en el club, (y lo estaba porque era mi sueño) no podía ser un club de hombres ricos.

Entonces Louis ha sonreído y ha dicho:

-Yeah, the guy is right. What about “more or less white not so much rich a little bit jewish PEDOPHILE men club?

Todos hemos sonreído y hemos dicho que sí, que ese club sí nos representa.

Hoy he soñado con Los Tasadores

Eran dos señores y una señora. Llevaban cara de pocos amigos y parecían estar dispuestos a cualquier cosa cuando entraron por la puerta de mi casa. Primero les he enseñado el recibidor. A un lado, la percha con mis chaquetas y abrigos. Al otro lado, la estantería con libros y dvds. El más serio ha preguntado: pero, ¿está todo en venta? Yo he respondido que sí, que estaba todo en venta.

-¿Esto también? -ha preguntado sosteniendo un libro que quiero mucho.

-Sí, también está en venta.

Han ido apuntando, a medida que avanzábamos al dormitorio. Han visto el armario y la cama. Después han ido a la cocina, donde han toqueteado los electrodomésticos. En el lavabo han tasado todo lo que allí había, uno de ellos torcía el gesto, despreciativo. Hemos cruzado el pasillo hasta el salón y han tasado el sofá muy por debajo del precio que todavía aún hoy estoy pagando. La tele, la mesa, las sillas, los dvds, las estanterías. A todo le han puesto precio. Después hemos pasado al despacho y han tasado los libros, el sofá las mesas, las sillas, la impresora, el armario, todo lo han tasado excepto mi portátil. Les he dicho que el portátil y el disco duro no estaban en venta.

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-¿Por qué no? -han preguntado.

-Porque es lo único que tiene verdadero valor.

-¿Eso significa que todo lo demás no tiene valor?

-No, significa que todo lo demás no tiene valor para mí. Significa que quiero deshacerme de ello.

-Que usted quiera deshacerse de ello, no significa que carezca o no de valor. Somos nosotros los que dictaminamos el valor de las cosas.

-Ese es nuestro cometido -ha dicho la tasadora.

-Somos Los Tasadores -ha dicho el tercero.

-¿Y a ustedes quién les pone valor? -les he preguntado.

-¿Por qué se quiere deshacer de todos estos objetos? -me han preguntado sin responder a mi pregunta.

Porque ahora tengo el valor de deshacerme de ellos.

Hoy he soñado con las Islas Galápagos

Estaba lleno de criaturas extrañas y misteriosas: aves, focas, iguanas, y toda clase de bichos. Todas estas imágenes no son de las Islas Galápagos reales, pertenecen a las Islas Galápagos de la película Master and Commander. Aunque las imágenes del sueño tampoco son exactamente de la película; son las imágenes que mi subconsciente ha generado con las imágenes que recuerdo del film.

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En el sueño, en medio de una llanura, alguien había dejado olvidado un armario ropero. Era un armario anacrónico, marrón, viejo y desgastado. No sabría si ubicarlo en la época en que transcurre la película, o si es la imagen de un armario (en general) que guardo en mi cabeza. En cuanto lo he visto he notado un extrañamiento en el lenguaje onírico. Como si me diera cuenta de que el armario no pertenecía a ese lugar. Entonces, he llegado a la conclusión de que aquel armario desubicado estuviera en medio de la isla, se debía a que estaba en un sueño. En ese preciso instante, el sueño ha empezado a desvanecerse y me he despertado.

No sería mala idea tener ese don en la vida real. Poseer la facultad de detectar cosas extrañas, fuera de sitio, que no pertenecen al lugar en que se encuentran, que hiciera que automáticamente nos despertáramos del sueño en que vivimos.

Hoy he soñado con Laurence Olivier

En realidad he soñado con Szell, el Ángel Blanco, el personaje que Sir Olivier interpretaba en Marathon Man. Hace poco volví a ver la película dirigida por John Schlesinger, con guión de William Goldman, basada en su propio libro. Me fascina el mundo que retratan estos thrillers de los años 70: un mundo que trata de mirar hacia el futuro con el optimismo del capitalismo, pero que al mismo tiempo mira de reojo a los horrores del nazismo y la segunda guerra mundial. Este tipo de cine con una atmósfera política, bien tensados dramáticamente y con personajes complejos que se vuelven héroes desnudándose, con dolor real (y no a través de máscaras) es un cine adulto y comercial que añoro.

En la película, Olivier interpreta a un sádico dentista que torturaba a los prisioneros judíos en un campo de concentración nazi infringiéndoles un dolor espantoso en sus muelas. El Ángel Blanco visita Nueva York, de incógnito, con el objetivo de conseguir unos diamantes de una pureza extrema. Al final de la película, Dustin Hoffman le permitía quedarse con todos los diamantes que fuera capaz de tragar.

Is it safe?

En mi sueño Laurence Olivier me pedía, no, me exigía que me arrancara una muela. Hay múltiples interpretaciones de los sueños en que los dientes son los protagonistas: la inseguridad, el miedo a la pérdida de la juventud, el miedo a perder el control, el uso del lenguaje y de la auto-censura al no decir aquellas que cosas que pensamos o sentimos; en definitiva, son sueños que versan sobre la identidad. Me pregunto qué significará que Lawrence Olivier, un torturador me pida, no, me exija que me arranque una muela; que cambie absolutamente la fisonomía de mi rostro, que perfore los elementos que configuran el sonido de mi voz. Me pregunto quién es en realidad Lawrence Olivier en mi subconsciente, un monstruo que te pide y te exige algo que él mismo es incapaz de hacer por ti…

En el sueño, me arranqué la muela y se la ofrecí.

Hoy me he despertado con un Octubre Rojo

Hoy me he despertado con un Octubre Rojo.

Y ha llegado pronto, porque es 30 de Septiembre, compañeros y compañeras.

Es importante para el futuro de nuestro pueblo que la clase obrera, las clases populares, la gente sencilla y corriente podamos descansar. No, compañeros y compañeras, no es revolucionario despertar a los vecinos a primera hora de la mañana dando gritos por la escalera.

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Compañeros obreros que estáis reformando la escalera (no, no es ninguna metáfora social, me dirijo a vosotros, a los compañeros obreros que estáis reformando la escalera de mi casa) no es en absoluto solidario, ni fraternal, ni revolucionario despertar a gritos a los camaradas que vivimos en este humilde edificio. Si es algún tipo de lucha de guerrillas, os estáis equivocando, la propietaria rentista no vive en esta finca, la propietaria rentista no ha bajado de la Diagonal en su puta vida. Aquí somos todo gente sencilla, con nuestros vicios como dormir, pero gente humilde al fin y al cabo.

Porque compañeros obreros, sí se puede hacer una revolución silenciosa, no hace falta despertar a los compañeros y compañeras que duermen. Unidos somos fuertes, pero dormidos lo somos más. La lucha de clase será con café o no será. Aspiramos a asaltar los cielos, pero no los asaltaremos a estas horas. Queremos algo mejor para nuestros hijos, pero no podemos prometer un futuro mejor con legañas. La revolución proletaria necesita de ocho horas de descanso. Compañeros obreros que lanzáis andanadas de gritos a primera hora de la mañana, el lema decía “la imaginación al poder” no “el puto subconsciente al poder“, compañeros, no el puto subconsciente.

Que este octubre rojo sea muy revolucionario, camaradas, como todos los octubres, pero por favor, que nos pille dormidos…

…hasta la victoria final y tal.

Tuve un sueño premonitorio

Tuve un sueño premonitorio.

En su momento no le di ninguna importancia, sueñas con personas que te rodean y en esos sueños esa gente hace cosas buenas, hace cosas malas y hace cosas normales y extrañas. En los sueños uno puede ver a alguien como realmente es, o justo lo contrario, como una persona totalmente ajena a la imagen que uno cree tener de él. En realidad, los sueños no tienen ninguna lógica y eso es lo maravilloso, que son como la vida deformada por ti.

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Sin embargo, de vez en cuando los sueños te dan pistas acerca de la realidad. Durante el día recopilamos información sobre gente con la que topamos, son millones de datos que se acumulan en nuestro cerebro y a los que no damos importancia. Pero cuando dormimos, nuestro subconsciente repasa todo ese material apilado y nos envía señales de alerta.

Hace unos días, soñé que alguien me hacía una putada.

No le di importancia, pero cuando el otro día esa misma persona me hizo una putada no me sorprendí, recordé el sueño y la encajé con estoicismo.

Sé que tarde o temprano me vengaré en sueños.