Scenes: The Empire Strikes Back (Lo sé)

Ésta es una de mis escenas favoritas, de una de mis pelis favoritas.

Tiene el mejor diálogo romántico de toda la Historia del cine…

…y es improvisado.

Harrison Ford tenía que responder “I love you too”.

Pero Harrison Ford es un gran actor y un tocapelotas. Las dos cosas suelen ir juntas, a veces. Hay grandes tocapelotas que NO son grandes actores, no vayamos a confundirnos. Y hay grandes actores que son como la mantequilla, fáciles de untar.

El caso es que Harrison Ford no se creía que Han Solo dijera algo tan ñoño. 40 minutos antes, Leia le acababa de llamar sinvergüenza.

También le había besado, seguramente por ser un sinvergüenza.

Harrison Ford repitió 80 veces la toma hasta que improvisó la frase: “I know”. Que es la que resta en el montaje definitivo y en nuestra memoria colectiva.

Y es una frase molona. Porque es un personaje molón. Porque mola saber que él también la quiere, pero mola más que no se lo diga.

1ª Regla del cine: SI MOLA MONTA.

Buscando ésta escena en youtube me he encontrado una perla.

Vivimos tiempos increíbles, el mundo está cambiando a pasos acelerados, nadie sabe qué lo va a petar mañana, quizás seas tú.

Hace tan sólo cinco años, conseguirla de los archivos de Lucasfilm habría sido una quimera:

Disfrutad del Bonus Track.

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Scenes: Studio 60 (Will you please stop)

Ésta es una de mis escenas favoritas, de una de mis series favoritas.

Podéis ver toda la trama del capítulo, pero la escena a la que me refiero está en el corte 5:35 aprox.

A aquellos que no saben inglés, perderse ésta escena les puede servir de motivación.

Para mí, Aaron Sorkin es Dios. El mejor escritor vivo. Nadie escribe como él y nadie escribe comedia romántica como él.

De hecho, estoy esperando que escriba una comedia romántica pura y dura, porque seguro que será la mejor película/serie/historia de ese año.

Esta escena resume la esencia de lo que tiene que tener una buena comedia romántica:

NO SIGNIFICA SÍ.

Scenes: The name of the Rose (la risa)

Esta es una de mis escenas favoritas, de una de mis películas favoritas.

Cuando vi “The name of the Rose” me provocó un impacto muy fuerte. No sé qué edad tenía pero estoy convencido de que no era una película recomendada para un niño de mi edad.

Sin embargo, mis padres rara vez me mandaron al cuarto porque una película no fuera “apropiada”. Esa libertad de la que disfruté de pequeño me hizo amar todavía más el cine y las historias, y comprender que ahí afuera había un mundo del que apenas conocía nada.

Y el conocimiento es el camino de la verdad, como le gustaría decir a Guillermo de Baskerville.

Me leí el libro enseguida y creo que no entendí nada. Por eso lo he ido releyendo una y otra vez con el paso del tiempo (y creo que sigo sin entender nada).

Esta escena resume en gran parte mi escasa filosofía de vida: sí, es cierto que el hombre es capaz de matar, de “pecar”, de masacrar y de las atrocidades más abominables. La historia nos lo demuestra con muchos ejemplos: la inquisición, el holocausto o Justin Biever. Pero el hombre también es capaz de algo tan puro, tan único y tan asombroso como es el humor y la risa.

La risa es la mayor muestra de inteligencia. La risa es espontánea, la risa es libre, la risa es humana. Una de las primeras cosas que aprende un niño es a reír.

Un niño pequeño que ríe es la imagen más bonita del mundo.

Y una chica divertida siempre es mejor que una chica guapa.

Eso es seguro, eso es así.

Scenes: Beautiful Girls’ Pooh Bear

Es imprescindible empezar esta sección con esta escena.

Habla de todo lo bueno que hay en la vida: Shakespeare, el amor verdadero y Natalie Portman.

Los que habéis leído “Todas las chicas besan con los ojos cerrados” sabéis de qué hablo.

Los que no la habéis leído, ¡corred insensatos!

Esta escena hace que recuerde a esa primera novia que tuve en la guardería (no hagáis chistes fáciles con mi precocidad).

¿Vosotros no tuvisteis una? ¿Recordáis aquella sensación de que iba a ser para toda la vida? ¿Que era un amor puro y verdadero? Sin ningún tipo de egoismos entre dos personas que se querían y no tenían nada que perder, precisamente porque no tenían nada.

Esta escena siempre me recuerda esa sensación.

Natalie Portman siempre me recuerda a aquella primera novia a la que quise como a ninguna otra.

A la que quise como quieren los niños: incondicionalmente y para siempre.