The Girlfriend Experience

La serie creada por Lodge Kerrigan y Amy Seimetz e inspirada en la película del mismo título dirigida por Steven Soderbergh, nos cuenta la historia de Christine Reade, una estudiante de derecho que empieza a trabajar como chica de compañía. En ningún momento, TGE cae en lugares comunes y caminos trillados, esquivándolos con habilidad y sosteniendo la narración sobre tres sólidos pilares:

Primero: el enigma que representa Christine, el personaje protagonista. La historia está construida sobre la tensión dramática de descubrir cuál es su motivación, por qué hace lo que hace. El espectador se pregunta por qué se dedica a la prostitución, quién es ella en realidad y cómo es posible que Christine se exprese con esa extraordinaria dualidad: fría y calculadora en todas las facetas de su vida; y al mismo tiempo tan cálida, solícita y cercana con sus clientes. TGE es el viaje de descubrimiento del personaje.

Segundo: el feminismo, o como diría Caitlin Moran: “no hubo nunca mejor época que ésta para ser mujer: tenemos el voto y la píldora, y desde 1727 ya no nos envían a la hoguera por brujas”. Parece de perogrullo, pero esta serie no sería la misma serie de estar ambientada en el periodo de entre guerras, en los años 60 de Mad Men, o incluso hace cinco años. Por tanto, que una chica joven, preparada, e inteligente decida dedicarse libremente a la prostitución conlleva una vuelta de tuerca nueva –“ahora que el feminismo es mainstream”– respecto a todas las historias anteriores del sub-género.

Tercero: el dinero. Al final de lo que va esta serie no es más que de la oferta y la demanda, del capitalismo salvaje y de la concepción filosófica neoliberal que se ha extendido en todas las capas de la sociedad. Todo está en venta: el sexo, la intimidad, e incluso la sensación de tener una auténtica “girlfriend experience” joven, guapa y preparada. Cuando finalmente descubrimos la motivación que hay detrás de Christine, nos damos cuenta de la importancia que tiene el dinero en esta sociedad.

TGE tiene un ritmo incómodo, una cadencia lenta y pausada, casi como si fuera una autoficción sacada del día a día de una chica real. Contenida, sin aspavientos, la trama es una sucesión de situaciones que no busca, ni encuentra giros enrevesados. No tiene concesiones a la comedia, ni es un drama truculento. En ese pasar la vida de una escort la serie se convierte en un espejo moral. Resulta muy tensa la espera de acontecimientos que vive el espectador casi deseando que ocurra algo que gire la trama. Como animales narrativos que somos, intentamos predecir lo que va a ocurrir a continuación. Ahí nos damos cuenta de que casi esperamos que Christine se encuentre a un cliente que la maltrate, que alguien tenga una sobredosis de droga, que un cliente muera en sus brazos, que haya una comida familiar en que alguien la chantajee, etc. Y cuando no ocurre nada de todas esas cosas, uno se da cuenta de que no es un espectador virgen y de que nuestra tradición narrativa conlleva una carga moral que hace que uno espere que el personaje de Christine tenga que recibir un “justo” castigo por ser puta. Y cuando no ocurre eso, uno se da cuenta de lo moderna (en el buen sentido) que es TGE y el examen de conciencia cultural que aún a día de hoy tenemos que hacer.

The Girlfriend Experience se puede ver actualmente en Canal Series Xtra.

Personajes

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La diferencia entre persona y personaje nunca ha sido tan compleja como lo es en la actualidad. Si ya resultaba confuso diferenciar el ente real del ente ficticio en los programas de tele-realidad, todo se enreda cuando las fronteras entre la ficción y la realidad se difuminan. Antes teníamos una pantalla de televisión que nos delimitaba claramente las fronteras (ellos y nosotros/personajes y espectadores) ahora el mundo está lleno de pantallas. Nuestra realidad es una continua híper-conexión en la que enviamos mensajes, ideas, pensamientos, imágenes, vídeos e historias en diversos formatos, a través de diversos canales, todo el tiempo.

¿Cómo diferenciar cuándo se es una persona y cuando se es un personaje? En mayor o menor medida todos jugamos al juego del enmascaramiento en que estilizamos nuestra persona y nos convertimos en personaje, sin necesidad de que haya pantallas de por medio. Siempre ha existido un elemento dinamizador del mensaje cuando se juega en la convención de la ficción. Y todos parecemos menos vulnerables a la vida en ese contexto, como si en algún punto de nuestras vidas pudiéramos cambiar de rol, de serie, o de canal.

La ficción ha terminado por comerse la realidad hasta el punto de que todas las personas actuamos como si fuéramos personajes. Asumimos nuestros distintos roles en nuestras distintas realidades y juzgamos y somos juzgados como tales. Que la auto-ficción esté tan de moda no es más que un síntoma de la búsqueda incesante de verdad y al mismo tiempo de la necesidad incesante de máscaras. Quizás porque para contar una verdad, la mejor forma de hacerlo sea con una mentira y para contar una mentira nada mejor que hacerla pasar por una verdad (autobiográfica). Tal vez en algún momento nos demos cuenta de que la verdad no existe, o que al menos, existen tantas verdades como personas y puntos de vista; que la prisión de un personaje, sin complejidad, sin matices, voluble y cambiante no es lo que nos merecemos como personas. Porque las personas somos muchas cosas, para empezar nuestras circunstancias, y hay muchas personas dentro de una misma persona. Conocemos a la gente o creemos conocerla a través de su mensaje, de su ficción, de su personaje, de su twitter, de su máscara, que es lo mismo que no conocerlo.

Scenes: The Dark Knight (Joker’s Magic pencil trick)

Ésta es una de mis escenas favoritas, de una de mis pelis favoritas.

No me canso de verla.

The Dark Knight es al cine de superhéroes lo que El Padrino II es al cine de mafiosos: su obra culmen. Y las dos tienen algo en común: los malos molan, los malos rules.

El Joker es la película. Tienes mi palabra.

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“I am a man of my word”.

Hay un montón de literatura respecto a lo atrapado que se quedó Heath Ledger después de interpretar al personaje del payaso más loco de la historia del cine. De lo mucho que Jack Nicholson le advirtió que enganchaba el personaje. De las terribles y trágicas circunstancias que rodean su muerte, su enigmático diario de rodaje, y las palabras de sus compañeros de reparto emocionados en el recuerdo de su entrega en cuerpo y alma a la interpretación.

Buceando en internet encuentras muchos de los elementos que inspiraron a Ledger.

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Malcolm McDowell.

Y ahora flipad:

Tom Waits.

Cuando tengo un día flojo, salgo de la gripe o estoy deprimido, el Joker me parece un gran modelo de conducta: loco, psicópata y grunge.

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“Why so serious?”

Scenes: The Wolf of Wall Street (I’m not fucking leaving)

Ésta es una de mis escenas favoritas, de una de mis pelis favoritas.

Es puro CINE.

CINE del de toda la vida.

Así que hazte un favor y busca un hueco en tu agenda y ve a una sala. Te garantizo que vale la pena. No vas a tener tiempo de tuitear, ni de consultar el whatsapp. Te vas a divertir como hace mucho tiempo que no te divertías en una sala de cine.

Porque “The Wolf of Wall Street” es puro CINE.

Lo que me flipa de ésta peli es las vueltas que da la vida. En 1990, Martin Scorsese dirige su indiscutible obra maestra:

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Goodfellas/Uno de los Nuestros.

Que sirve de inspiración a David Chase para crear la mejor serie de la historia de tv:

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The Sopranos.

Terence Winter empieza a escribir en ella a partir de la segunda temporada y llega a ser productor ejecutivo.

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La HBO…

…revoluciona la televisión con la ficción seriada gracias a dar refugio a las historias, los storytellers, los guionistas y los creadores, es decir, a todos aquellos que la industria del Cine ha dado la espalda.

En 2008, Terence Winter y Martin Scorsese se alían para producir:

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También emitida por la HBO.

Y ahora Martin Scorsese dirige “The Wolf of Wall Street” con guión de Terence Winter que bebe claramente de “Uno de los Nuestros”.

Todos aquellos que pronosticaban que el CINE estaba muerto tenían razón: lo estaba.

El CINE de verdad ha estado exiliado en la televisión, donde había sitio para lo único importante de éste medio: los personajes y las historias.

Scorsese y Winter nos lo han traído de vuelta. Que cunda el ejemplo.