Hoy he soñado con las Islas Galápagos

Estaba lleno de criaturas extrañas y misteriosas: aves, focas, iguanas, y toda clase de bichos. Todas estas imágenes no son de las Islas Galápagos reales, pertenecen a las Islas Galápagos de la película Master and Commander. Aunque las imágenes del sueño tampoco son exactamente de la película; son las imágenes que mi subconsciente ha generado con las imágenes que recuerdo del film.

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En el sueño, en medio de una llanura, alguien había dejado olvidado un armario ropero. Era un armario anacrónico, marrón, viejo y desgastado. No sabría si ubicarlo en la época en que transcurre la película, o si es la imagen de un armario (en general) que guardo en mi cabeza. En cuanto lo he visto he notado un extrañamiento en el lenguaje onírico. Como si me diera cuenta de que el armario no pertenecía a ese lugar. Entonces, he llegado a la conclusión de que aquel armario desubicado estuviera en medio de la isla, se debía a que estaba en un sueño. En ese preciso instante, el sueño ha empezado a desvanecerse y me he despertado.

No sería mala idea tener ese don en la vida real. Poseer la facultad de detectar cosas extrañas, fuera de sitio, que no pertenecen al lugar en que se encuentran, que hiciera que automáticamente nos despertáramos del sueño en que vivimos.

Hoy he soñado con mi Médico de cabecera

Voy a preservar su nombre en el anonimato, pero es una mujer muy competente, que a pesar de los recortes en sanidad y de trabajar en uno de los barrios más duros de la ciudad siempre me ha tratado con absoluto respeto y profesionalidad. Tendrá una edad indeterminada entre los 45 y los 65 años y en el sueño me preguntaba con cariño por qué había ido a su consulta.

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Yo le decía que no dormía bien, que estaba nervioso y que tenía un poco de ansiedad. Ella me preguntaba el motivo y yo le explicaba mi historia personal reciente. Entonces, ella me decía que lo sentía mucho, pero que no podía recetarme nada al respecto; y se creaba un incómodo silencio. Después añadió:

“Mira, Enric, no termino de creerme tu historia, tu personaje de hombre quebrado es poco convincente… me falta desesperación, me falta sentir tu frustración, oler tu decepción… sólo veo a un chico desorientado de 38 años y para darte esas medicinas, yo necesito a un hombre roto al borde del abismo” me dijo.

Entonces asentí, y como si estuviera en un pitching, le expliqué mi ruptura sentimental, el miedo que tengo de verme a mí mismo como el personaje de Paul Giamatti en Sideways (viejo, culto, infeliz y solo) bebiendo una botella de vino caro reservada para una ocasión especial en un restaurante de comida rápida… Esto la hizo sonreír. Después añadí que tenía mucha ansiedad porque no paro de trabajar y creo que me moriré sin haber concluido mi obra maestra. La Doctora me ha contestado que mejor, que ya le iba a interesando más mi historia pero que podía mejorarla con algo mejor, algo distinto, algo nuevo y original.

Tras pensarlo detenidamente, le he explicado que el otro día tuve una cita con una mujer, inteligente, sofisticada, con mucho sentido del humor y muy, muy guapa. Al despedirnos y a pesar de que había muchísima atracción por las dos partes, ella quiso darme un beso de despedida… pero yo le hice la cobra, argumentando que aún no estaba preparado para tener sexo.

-Genial, Enric -exclamó la doctora-. ¡Brillante! Eso es lo que le faltaba a tu historia, ¡qué giro más inesperado!

Sonreí al terminar mi pitching, y la Doctora firmó un par de recetas que me prescribió con mucha satisfacción.