Personajes

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La diferencia entre persona y personaje nunca ha sido tan compleja como lo es en la actualidad. Si ya resultaba confuso diferenciar el ente real del ente ficticio en los programas de tele-realidad, todo se enreda cuando las fronteras entre la ficción y la realidad se difuminan. Antes teníamos una pantalla de televisión que nos delimitaba claramente las fronteras (ellos y nosotros/personajes y espectadores) ahora el mundo está lleno de pantallas. Nuestra realidad es una continua híper-conexión en la que enviamos mensajes, ideas, pensamientos, imágenes, vídeos e historias en diversos formatos, a través de diversos canales, todo el tiempo.

¿Cómo diferenciar cuándo se es una persona y cuando se es un personaje? En mayor o menor medida todos jugamos al juego del enmascaramiento en que estilizamos nuestra persona y nos convertimos en personaje, sin necesidad de que haya pantallas de por medio. Siempre ha existido un elemento dinamizador del mensaje cuando se juega en la convención de la ficción. Y todos parecemos menos vulnerables a la vida en ese contexto, como si en algún punto de nuestras vidas pudiéramos cambiar de rol, de serie, o de canal.

La ficción ha terminado por comerse la realidad hasta el punto de que todas las personas actuamos como si fuéramos personajes. Asumimos nuestros distintos roles en nuestras distintas realidades y juzgamos y somos juzgados como tales. Que la auto-ficción esté tan de moda no es más que un síntoma de la búsqueda incesante de verdad y al mismo tiempo de la necesidad incesante de máscaras. Quizás porque para contar una verdad, la mejor forma de hacerlo sea con una mentira y para contar una mentira nada mejor que hacerla pasar por una verdad (autobiográfica). Tal vez en algún momento nos demos cuenta de que la verdad no existe, o que al menos, existen tantas verdades como personas y puntos de vista; que la prisión de un personaje, sin complejidad, sin matices, voluble y cambiante no es lo que nos merecemos como personas. Porque las personas somos muchas cosas, para empezar nuestras circunstancias, y hay muchas personas dentro de una misma persona. Conocemos a la gente o creemos conocerla a través de su mensaje, de su ficción, de su personaje, de su twitter, de su máscara, que es lo mismo que no conocerlo.

Salvador

Dice Javier Cercas en su último libro El punto ciego, que la novela moderna empieza con El Quijote y es asumida mucho antes por el resto de Europa, especialmente por los ingleses y por los franceses mucho antes que por los españoles. Cervantes se inventa una especie de formato contenedor con todos los géneros, en el que cabe toda forma expresiva con un único fin: cambiar la realidad a través de la novela. Es decir, la novela quiere ser un instrumento de transformación social. A la pregunta central que El Quijote plantea: ¿está loco o no está loco Alonso Quijano?, la respuesta de Cervantes no es otra que una superación de ese mundo dogmático y aristotélico de blancos y negros, de síes y noes. Es una respuesta abierta porque el libro es la respuesta. Esa es su forma de transformar la realidad, explicando la complejidad del ser humano y por tanto del mundo.

Unknown

El punto ciego de Javier Cercas.

Leí a Jorge Carrión (creo que en un tuit, así que es posible que lo cite mal) decir que la gran victoria de la novela es que había logrado fagocitar todos los otros géneros de representación (series, cine, teatro, documental, etc.). Ese planteamiento de meter todo lo que uno quiera encajar en una historia con la intención final de transformar la realidad -que es a lo que se dedica la novela- es lo que permite que las artes representativas tengan un espíritu verdaderamente universal.

El pasado miércoles 2 de Marzo, Pablo Iglesias inició su primer discurso en la sesión de investidura recordando a Salvador Puig Antich en el 42º aniversario de su asesinato. A pesar de que muchos no vivimos (por edad) aquel oscuro y condenable episodio de nuestra historia, recordamos la memoria de Salvador con un eco emotivo profundo. Y si así lo vivimos, emocionados por la injusticia, fue gracias al poder transformador de la realidad que no reside en la política, sino en la novela, y por tanto en el cine, en las series, en las historias.

Espero que Manuel Huerga, Lluís Arcarazo y Francesc Escribano (en cuyo libro Compte enrere. La història de Salvador Puig Antich está basada la película) se sientan infinitamente felices, han conseguido lo que muy pocos consiguen: inspirar la transformación de nuestra realidad y hacerla un poco mejor a través de su obra.

Salvador.