Hoy he soñado con Cristopher Nolan

Hoy he soñado con Cristopher Nolan.

Nos comíamos unos tacos mexicanos y Cristopher decía con un acento muy gracioso que su preferido era el taco de “cochinita pibil”. Después probaba unos nachos con queso, guacamole y carne picada y su pálida tez se volvía sonrosada cuando engullía un jalapeño. Después de refrescar su no-oscarizado gaznate con un buen trago de michelada me preguntaba si me iba a terminar mis quesadillas. Las cortaba por la mitad y las repartía al tiempo que le preguntaba si volvería a hacer una peli de Batman algún día. Nolan me respondía que creía haberse ganado el derecho a no rodar franquicias y dedicarse solamente al cine.

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Brindamos con sendas margaritas por esa cosa antigua llamada: cine.

Después teníamos una pequeña disputa por pagar la cuenta que gané yo. Entonces se sintió en deuda conmigo y me dijo: “Enric, pídeme lo que quieras”.

-¿Lo que quiera, lo que quiera?, ¿de verdad?

-Lo que quieras, lo que quieras, de verdad… mientras no tenga que rodar una franquicia de superhéroes, pídeme lo que quieras.

Después de meditar unos instantes respondí con una sonrisa:

-Molaría que rodaras una peli al año.

-¡De acuerdo, a partir de ahora: una al año! -dijo dando un brinco y riéndose, para después añadir con su acento gracioso-: Pinche wey.

Hoy he soñado con mi Médico de cabecera

Voy a preservar su nombre en el anonimato, pero es una mujer muy competente, que a pesar de los recortes en sanidad y de trabajar en uno de los barrios más duros de la ciudad siempre me ha tratado con absoluto respeto y profesionalidad. Tendrá una edad indeterminada entre los 45 y los 65 años y en el sueño me preguntaba con cariño por qué había ido a su consulta.

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Yo le decía que no dormía bien, que estaba nervioso y que tenía un poco de ansiedad. Ella me preguntaba el motivo y yo le explicaba mi historia personal reciente. Entonces, ella me decía que lo sentía mucho, pero que no podía recetarme nada al respecto; y se creaba un incómodo silencio. Después añadió:

“Mira, Enric, no termino de creerme tu historia, tu personaje de hombre quebrado es poco convincente… me falta desesperación, me falta sentir tu frustración, oler tu decepción… sólo veo a un chico desorientado de 38 años y para darte esas medicinas, yo necesito a un hombre roto al borde del abismo” me dijo.

Entonces asentí, y como si estuviera en un pitching, le expliqué mi ruptura sentimental, el miedo que tengo de verme a mí mismo como el personaje de Paul Giamatti en Sideways (viejo, culto, infeliz y solo) bebiendo una botella de vino caro reservada para una ocasión especial en un restaurante de comida rápida… Esto la hizo sonreír. Después añadí que tenía mucha ansiedad porque no paro de trabajar y creo que me moriré sin haber concluido mi obra maestra. La Doctora me ha contestado que mejor, que ya le iba a interesando más mi historia pero que podía mejorarla con algo mejor, algo distinto, algo nuevo y original.

Tras pensarlo detenidamente, le he explicado que el otro día tuve una cita con una mujer, inteligente, sofisticada, con mucho sentido del humor y muy, muy guapa. Al despedirnos y a pesar de que había muchísima atracción por las dos partes, ella quiso darme un beso de despedida… pero yo le hice la cobra, argumentando que aún no estaba preparado para tener sexo.

-Genial, Enric -exclamó la doctora-. ¡Brillante! Eso es lo que le faltaba a tu historia, ¡qué giro más inesperado!

Sonreí al terminar mi pitching, y la Doctora firmó un par de recetas que me prescribió con mucha satisfacción.