Búsqueda en google: “cómo ayudar a un depresivo”

En cuanto Claudia se fue al baño, lo primero que hice fue buscar en google: “cómo ayudar a un depresivo”.

Tenía poco tiempo pero encontré un montón de páginas que me decían las 7 cosas que decirle: “yo estoy aquí para ti, no te estás volviendo loca, ¿quieres un abrazo?, no es culpa tuya, etc.”; y las 7 cosas que no: “tú te lo has buscado, ¿pero no estabas siempre así?, nadie dijo que la vida fuera fácil, etc”.

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-¿Qué haces? –me preguntó Claudia al volver del lavabo.

-Nada, estaba mirando una cosa…

-Estabas googleando qué hacer ante una situación como ésta, ¿verdad? –me interrumpió-. ¿Qué has buscado exactamente: cómo ayudar a alguien triste, depresivo, con la autoestima baja…?

Después de un largo silencio, agaché la cabeza y asentí.

-¿Ves?, ese es el problema –me dijo-. Antes yo era importante para los demás. Cuándo alguien no sabía qué grupo había compuesto “Where is my mind”, todo el mundo se giraba hacia mí para que les diera la respuesta: Pixies. Si alguien se preguntaba quién era el director de “El Mago de Oz” todo el mundo se maravillaba de que supiera que la película tuvo hasta cinco directores: Victor Fleming, George Cukor, Mervyn Leroy, Norman Taurog y King Vidor. Todos flipaban con mi capacidad de memorizar que “El guardián entre el centeno” fue publicado en 1951, aunque Salinger ya lo había publicado en forma de serie durante los años 1945 y 1946. ¿Y sabes qué es lo que sentía en todos esos casos, Enric? Orgullo. Todo el mundo admiraba mi talento, me invitaba a fiestas y querían jugar conmigo al trivial. Pero ahora no, ahora… ¿qué crees que pasaría si alguien se preguntara en qué película de Mike Nichols debutó Dustin Hoffman?

-Lo buscaría en la app de imdb –le respondí con sinceridad.

-Exacto. Eso es lo que me ha pasado: he sido sustituida por internet.

Se hizo un largo silencio que interrumpí con una pregunta estúpida:

-¿En qué película…

-En El Graduado, Enric -me respondió de mala gana-. ¿Qué es lo primero que has hecho cuando me has visto así? Buscar una solución en google. No, Enric, no todo está en google. ¿Sabes? Hay veces que miro las enciclopedias de mis abuelos y me veo reflejada a mí misma. ¿Por qué no haces una búsqueda sobre eso en google? “Cómo ayudar a alguien que se siente lento, estancado, encima de una estantería, cogiendo polvo, desactualizado y obsoleto”. Parece que hablar conmigo fuera como si abrieras una vieja enciclopedia y empezaras a leer datos acerca de las antiguas repúblicas soviéticas; cosas que ya no existen, que pertenecen a un pasado demasiado cercano, ligeramente pasado de moda, casi vergonzante. Dime Enric, ¿qué tengo que hacer para volver a sentirme importante otra vez?

La verdad es que no supe qué responderle. Durante un par de semanas estuve meditando, dándole vueltas a la situación, tratando de buscar una forma de ayudarla. Quedé con ella un par de veces, intenté animarla pero no daba con la tecla exacta… Hasta que finalmente di con un plan.

Aunque al principio se mostró reacia, poco a poco, empezó a darse cuenta de que quizás ese plan podía funcionar. Claudia no perdía nada por intentarlo y se puso manos a la obra. Encontró un local pequeñito en una zona bonita, lo decoró a su gusto y montó un pequeño café. En las estanterías reposaban todas las enciclopedias de sus abuelos, y cómo aún le sobraba espacio compró muchas más a precio de saldo. Por último, ejecutó mi plan maestro: no sólo no puso wifi, sino que instaló un inhibidor de cobertura.

Sus clientes, acudían allí para hablar, explicarse la vida, disfrutar del café, y preguntarse cosas; algunas veces encontraban respuestas, y otras no… Si la curiosidad les tentaba, tenían las enciclopedias a su alcance y en ocasiones, preguntaban directamente a Claudia, quien solía participar en las conversaciones con alegría y entusiasmo.

Claudia ganó en autoestima, dejó atrás su depresión y volvió a ser feliz.

Nunca le he dicho, ni nunca le diré, que di con mi plan maestro, al googlear a un bibliotecario que montó un café como el de Claudia en la ciudad de Ottawa.

Sólo tres cositas-VIII

Primera cosita: Esta mañana me he encontrado 10 euros en el portal de mi casa.

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Estos son los 10 euros que me he encontrado, pero el suelo (negro, muy sufrido) es el de mi casa y no del portal, que no era plan de hacer la foto ahí con los turistas pululando.

Reconozco que he exclamado en voz alta: ¡hostia, diez euros! Luego, me he agachado y con cierto cuidado por si se tratara de alguna broma, lo he cogido entre mis dedos, lo he palpado y he notado al tacto que eran 10 euros auténticos. Me da cierto pudor y me cuesta mucho reconocer que he sentido un regocijo interior, cierta alegría, un subidón de euforia contenida. Acto seguido, le he enviado un whatsapp a un colega para decirle: “Tío, ¿sabes qué? Me acabo de encontrar 10 euros”. ‘Ha tardado un poco en responder porque anoche estuvo de jarana, pero al rato me ha contestado: “pues invítate a algo, nen”.

Y esto me ha hecho sentir terriblemente mal. Alguien ha perdido 10 euros, alguien ha estado trabajando durante x tiempo de su vida para ganar ese dinero. Quizás ha estado repartiendo cartas de amor por los buzones, quizás cocinaba animales domésticos en un restaurante vietnamita, quizás simplemente enseñaba a nuestros hijos los métodos de seducción femeninos en el período neolítico. Esos 10 euros son una porción de su vida en papel moneda.

Por todo ello, espero que la persona que ha perdido los 10 euros en el portal de mi casa se ponga en contacto conmigo de la forma que estime más oportuna y prometo devolvérselos en su integridad.

Así que, amigos: ¿alguien ha perdido 10 euros?

Segunda cosita: Por primera vez estoy viendo Juego de Tronos (GOT para los idiotas modernos) capítulo a capítulo. Hasta ahora tenía la costumbre de grabar en mi iPlus los 13 episodios de cada temporada y vérmelos del tirón. Pero mira, La vida es corta y luego te mueres y hay que probar cosas distintas, hay que ser atrevido, hay que salir de la zona de confort. Así que me he lanzado (que estoy muy loco) y cada Lunes a la hora de cenar me veo un capítulo, semana tras semana.

Soy muy fan de Juego de Tronos, a pesar del absoluto puto lío en que se ha convertido cada vez que nombran a un personaje que no está en escena. Cada vez que dicen Petyr Baelish, Maestre Aemon, Roose Bolton, o el colmo total de que Khaleesi también se llama Daenerys Targaryen, Mia me mira y me pregunta con la mirada: ¿y este quién coño era?

Mia es mi gatita y es muy, muy, pero que muy lista para robar gomas del pelo de mujeres, pero en esto de seguir series se pierde un poco que es un puto felino no me jodas. Por tanto, creo que es el momento de que alguien invente el quién es quién de Juego de Tronos, una app en la que cada vez que se nombre un  personaje aparezca la foto del actor en la pantalla, porque al final, uno no sabe si está viendo Juego de Tronos en la tele o consultando la puta wikipedia.

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No tengo ninguna duda de que todas sabéis cómo se llama este personaje, bitches.

Tercera cosita: Ayer fui a ver a Zahara en concierto en la Sala Bikini de Barcelona en la gira de presentación de su tercer disco: Santa. Estuvo espléndida, preciosa, maravillosa, colosal… poco escotada para mi gusto, pero estaban sus padres, así que bien: recatada y santa. Si todavía no habéis comprado y escuchado su nuevo disco, no me interesáis en absoluto como personas a no ser que seáis productores de horchata, en ese caso os perdono todos vuestros pecados en esta vida y en la siguiente.

Zahara cantó unplugged desenchufada mi canción favorita del disco: Interior Noche e hizo magia: pidió a la gente que guardara silencio y, abracadabra, la gente se calló. Un gran consejo para maestros de escuela, si los niños se vuelven revoltosos ya sabéis el truco: tocad la guitarra y cantad como los ángeles una canción de despecho. También explicó en un monólogo soberbio y muy bufón la historia que hay detrás de Caída libre la canción más divertida del disco y que me pone muy, muy bailongo.

Os dejo con Crash, canción que lo peta mucho, muchísimo en directo.

“Sé que esto no va acabar nada bien”.