Hoy he soñado con Los Tasadores

Eran dos señores y una señora. Llevaban cara de pocos amigos y parecían estar dispuestos a cualquier cosa cuando entraron por la puerta de mi casa. Primero les he enseñado el recibidor. A un lado, la percha con mis chaquetas y abrigos. Al otro lado, la estantería con libros y dvds. El más serio ha preguntado: pero, ¿está todo en venta? Yo he respondido que sí, que estaba todo en venta.

-¿Esto también? -ha preguntado sosteniendo un libro que quiero mucho.

-Sí, también está en venta.

Han ido apuntando, a medida que avanzábamos al dormitorio. Han visto el armario y la cama. Después han ido a la cocina, donde han toqueteado los electrodomésticos. En el lavabo han tasado todo lo que allí había, uno de ellos torcía el gesto, despreciativo. Hemos cruzado el pasillo hasta el salón y han tasado el sofá muy por debajo del precio que todavía aún hoy estoy pagando. La tele, la mesa, las sillas, los dvds, las estanterías. A todo le han puesto precio. Después hemos pasado al despacho y han tasado los libros, el sofá las mesas, las sillas, la impresora, el armario, todo lo han tasado excepto mi portátil. Les he dicho que el portátil y el disco duro no estaban en venta.

images

-¿Por qué no? -han preguntado.

-Porque es lo único que tiene verdadero valor.

-¿Eso significa que todo lo demás no tiene valor?

-No, significa que todo lo demás no tiene valor para mí. Significa que quiero deshacerme de ello.

-Que usted quiera deshacerse de ello, no significa que carezca o no de valor. Somos nosotros los que dictaminamos el valor de las cosas.

-Ese es nuestro cometido -ha dicho la tasadora.

-Somos Los Tasadores -ha dicho el tercero.

-¿Y a ustedes quién les pone valor? -les he preguntado.

-¿Por qué se quiere deshacer de todos estos objetos? -me han preguntado sin responder a mi pregunta.

Porque ahora tengo el valor de deshacerme de ellos.

Hoy he soñado con Laurence Olivier

En realidad he soñado con Szell, el Ángel Blanco, el personaje que Sir Olivier interpretaba en Marathon Man. Hace poco volví a ver la película dirigida por John Schlesinger, con guión de William Goldman, basada en su propio libro. Me fascina el mundo que retratan estos thrillers de los años 70: un mundo que trata de mirar hacia el futuro con el optimismo del capitalismo, pero que al mismo tiempo mira de reojo a los horrores del nazismo y la segunda guerra mundial. Este tipo de cine con una atmósfera política, bien tensados dramáticamente y con personajes complejos que se vuelven héroes desnudándose, con dolor real (y no a través de máscaras) es un cine adulto y comercial que añoro.

En la película, Olivier interpreta a un sádico dentista que torturaba a los prisioneros judíos en un campo de concentración nazi infringiéndoles un dolor espantoso en sus muelas. El Ángel Blanco visita Nueva York, de incógnito, con el objetivo de conseguir unos diamantes de una pureza extrema. Al final de la película, Dustin Hoffman le permitía quedarse con todos los diamantes que fuera capaz de tragar.

Is it safe?

En mi sueño Laurence Olivier me pedía, no, me exigía que me arrancara una muela. Hay múltiples interpretaciones de los sueños en que los dientes son los protagonistas: la inseguridad, el miedo a la pérdida de la juventud, el miedo a perder el control, el uso del lenguaje y de la auto-censura al no decir aquellas que cosas que pensamos o sentimos; en definitiva, son sueños que versan sobre la identidad. Me pregunto qué significará que Lawrence Olivier, un torturador me pida, no, me exija que me arranque una muela; que cambie absolutamente la fisonomía de mi rostro, que perfore los elementos que configuran el sonido de mi voz. Me pregunto quién es en realidad Lawrence Olivier en mi subconsciente, un monstruo que te pide y te exige algo que él mismo es incapaz de hacer por ti…

En el sueño, me arranqué la muela y se la ofrecí.