Personajes

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La diferencia entre persona y personaje nunca ha sido tan compleja como lo es en la actualidad. Si ya resultaba confuso diferenciar el ente real del ente ficticio en los programas de tele-realidad, todo se enreda cuando las fronteras entre la ficción y la realidad se difuminan. Antes teníamos una pantalla de televisión que nos delimitaba claramente las fronteras (ellos y nosotros/personajes y espectadores) ahora el mundo está lleno de pantallas. Nuestra realidad es una continua híper-conexión en la que enviamos mensajes, ideas, pensamientos, imágenes, vídeos e historias en diversos formatos, a través de diversos canales, todo el tiempo.

¿Cómo diferenciar cuándo se es una persona y cuando se es un personaje? En mayor o menor medida todos jugamos al juego del enmascaramiento en que estilizamos nuestra persona y nos convertimos en personaje, sin necesidad de que haya pantallas de por medio. Siempre ha existido un elemento dinamizador del mensaje cuando se juega en la convención de la ficción. Y todos parecemos menos vulnerables a la vida en ese contexto, como si en algún punto de nuestras vidas pudiéramos cambiar de rol, de serie, o de canal.

La ficción ha terminado por comerse la realidad hasta el punto de que todas las personas actuamos como si fuéramos personajes. Asumimos nuestros distintos roles en nuestras distintas realidades y juzgamos y somos juzgados como tales. Que la auto-ficción esté tan de moda no es más que un síntoma de la búsqueda incesante de verdad y al mismo tiempo de la necesidad incesante de máscaras. Quizás porque para contar una verdad, la mejor forma de hacerlo sea con una mentira y para contar una mentira nada mejor que hacerla pasar por una verdad (autobiográfica). Tal vez en algún momento nos demos cuenta de que la verdad no existe, o que al menos, existen tantas verdades como personas y puntos de vista; que la prisión de un personaje, sin complejidad, sin matices, voluble y cambiante no es lo que nos merecemos como personas. Porque las personas somos muchas cosas, para empezar nuestras circunstancias, y hay muchas personas dentro de una misma persona. Conocemos a la gente o creemos conocerla a través de su mensaje, de su ficción, de su personaje, de su twitter, de su máscara, que es lo mismo que no conocerlo.

Saludar

Conversación de whatsapp entre dos amigas:

-Te he visto esta tarde en la Fnac, ¿eras tú?

-Sí, ¡era yo!

-¡Lo sabía! ¡Te has dejado el pelo largo, te queda muy bien!

-Gracias, ¿por qué no me has dicho nada?

-No sé…

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Hacía tiempo que las dos amigas no se veían. Una piensa que hace unos seis o sietes meses; la otra piensa que quizás un poco más. En realidad, hace casi dos años que no se ven, pero ninguna de las dos tiene la sensación de que haya pasado tanto tiempo. Una tiene un blog de moda que la otra consulta; la otra cuelga cada semana un video con recomendaciones literarias en su canal de youtube que la otra mira sin pestañear. Cada día se retuitean en twitter. Se enteran de su vida en facebook y saben hasta lo que comen gracias a instagram. Están hiperconectadas la una con la otra, pero hace mucho tiempo que no se sientan a tomar una cerveza, charlar o ir de compras. Ninguna de las dos se pregunta si lo echan de menos.

¿Por qué no se saludaron cuando tuvieron la oportunidad en la Fnac? Una la vio sí, pero estaba demasiado lejos para acercarse hasta ella. La otra fingió que no la veía y se alejó poco a poco de la primera dificultando toda la maniobra. Las dos evitaron la embarazosa incomodidad de saludarse. Quizás las dos sintieron que exponían demasiado del pequeño abismo que separa la identidad virtual de la identidad real. Quizás no querían sentirse excesivamente vulnerables aquella tarde. A ambas les resultó mucho más cómodo y menos invasivo escribirse un mensaje de texto.

Su amistad no es ni mejor, ni peor, simplemente ahora es así.

Reseña: Las Vacaciones

Unknown

Para los que disfrutan con los helados, la familia y el cine iraní.

Lo mejor: la plasmación del aburrimiento, la sensación muy lograda de tedio y las escenas de topless en la playa.

Lo peor: una sensación general de deja-vú continuo, de que ya hemos estado ahí. ¿Por qué todas las vacaciones se parecen entre sí?

Sinopsis: El protagonista abandona su ciudad para descansar durante el periodo estival, sin embargo, todo se complica cuando descubre que tampoco es feliz durante las vacaciones.

A “Las Vacaciones” le cuesta arrancar, lastrado por un primer acto titubeante, como si el autor tuviera miedo de que el protagonista se dé cuenta que el mundo sigue girando a pesar de que él no está en la oficina. El discurso se vuelve contemplativo y al mismo tiempo que el protagonista empieza a aburrirse, el espectador también lo hace. Extraordinariamente torpe resulta la escena de reencuentro familiar, mal planificada, con un horario extraño (parece que vayan a merendar de lo tarde que es) y el arroz está pasado. La dirección de actores ahí resulta pobre, todos parecen alegrarse por el reencuentro pero algo nos dice que no es así: nadie quiere estar realmente allí y se deben dinero. Las redes sociales tienen un gran juego en la narración y hay un par de secuencias-espejo en la que la reflexión metalingüística se agudiza, el autor se pregunta: ¿es verano porque utilizas instagram o utilizas instagram porque es verano? Inverosímil de arriba abajo resulta la escena del trio en la piscina con las vecinas, y resulta muy previsible cuando el espectador descubre que sólo ha ocurrido en la imaginación del protagonista. El desenlace (alerta spoiler) se atropella cuando el protagonista vuelve a la oficina, y nos deja una sensación de deja-vú. Tibios nos quedamos en la sala al darnos cuenta que el protagonista no es feliz ni en el trabajo, ni durante las vacaciones y quizás nosotros tampoco mientras ha durado un metraje cuya extensión se hace corta.

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